Un primer tema del evangelio de hoy, es el de la vida y la luz. Es un tema que lleva una gran carga catequética. La "Palabra" divina es "proyecto" antes de realizarse y luego se traduce en realidades. Pero esta Palabra siempre contiene vida. Como resultante, el evangelio de Juan debe leerse en clave de vida, de la cual nos llega la luz.
Para los judíos, todo lo procedente de las leyes de Moisés, incluídos los mandamientos, eran la luz que nos lleva a la vida. Por eso era muy importante cumplir toda la Ley de Moisés. Juan, en este evangelio, lo invierte todo, le da la vuelta. Lo primero es la vida, no es la luz. La Palabra contenía la vida (Juan, 1, 4a) y la vida era la luz del hombre (Juan, 1, 4b). Al revés del pensamiento judío. En éste, primero es la luz o Ley de Moisés, y de su cumplimiento o recepción nos viene la vida. Para Juan, reflexionamos primero sobre la vida y de ella nos vendrá la luz. La vida se experimenta y se formula, se sacan conclusiones. Pero sin formulaciones que lleven a la negación de la vida. Sería un absurdo disparar tiros contra la luz que desprende nuestra propia vida. De la vida viene nuestra propia luz. Para el hombre, la única luz es el resplandor de la vida humana, y de la vida divina cuando acampa entre nosotros. Toda vida procede de la Palabra creadora.
Nuestra propia vida podemos experimentarla y expresarla, al menos por aproximación, ya que es una vivencia.
Las conclusiones que podemos sacar de reflexionar sobre nuestra propia vida humana nos conducen a las de la vida divina que va a acampar entre nosotros. Nuestra vida está contenida en el proyecto de Dios Creador; por eso, nuestra vida contiene el proyecto de vivir siempre, el deseo de persistir. El anhelo de vida para siempre es constitutivo de nuestro ser. Por eso, de la vida, de la reflexión sobre la vida, sobre nuestra vida, viene la luz, la luz que es deseo de eternidad. De ahí lo que dice Juan (1,4): <
El proyecto creador es que el hombre realice en sí mismo el proyecto para el que Dios le dio vida, vida para siempre. Todo lo que se oponga a esta luz que proviene de la vida, que desea ser vida para siempre, es de por sí una ideología que busca poder, cegando a los demás.
Era ella la luz verdadera (Juan 1,9). Esta luz dada por la vida procede de Dios creador, no de Dios como legislador. Las leyes de Moisés, ni siquiera los mandamientos, no dan vida. Pretenden guiar la conducta de los hombres, de las personas, pero no son luz de verdad, no dan vida. La Palabra creó la vida, nuestra propia vida, pero ella misma, la misma palabra, se hizo vida entre nosotros. Y a cuantos la aceptaron, los hizo capaces de hacerse hijos de Dios si mantienen la adhesión a su persona (Juan 1,12).
La Palabra Creadora hecha vida entre nosotros, es Jesús. Sobre esta segunda parte, iré reflexionando durante el año. Hoy quise profundizar en la primera.
Consejo: Reflexiona, a menudo, sobre el deseo de vivir siempre. La vida que hay en ti, pide vivir siempre. Tu, que reflexionas sobre tu propia vida, lo sabes. Y el creador que puso en ti ese deseo, va a cumplirlo para que la vida tenga sentido. ¡Deja que la vida te ilumine! Cree en la semilla de eternidad que Dios creador puso en ti. No olvides esa luz. No dejes que se apague. La vida se transforma en otra vida, pero no se apaga. Porque tu reflexión no es inútil. Tu reflexión culmina en que de verdad somos Hijos de Dios como se irá viendo a través del año.
jueves, 1 de enero de 2009
2º Domingo de Navidad. 04/01/2009. Evangelio de Juan, cap. 1, 1-5, 9-14
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Domingo de la Sagrada Familia. 28/12/2008. Evangelio Lucas 2, 22-40
Este domingo, me encuentro con un dilema: explicar directamente el evangelio correspondiente o hacer referencia a la fiesta del día, la Sagrada Familia. Me inclino por esto último. Es necesario conocer algo sobre la familia judía para ver cómo se desarrolló la familia de Jesús, hija culturalmente de su época. Esto suele desconocerse y no sé por qué.
La familia era totalmente patriarcal. La autoridad del padre era absoluta, lo dominaba todo, hasta el punto de que negociaba los matrimonios y decidía el destino de las hijas. Jesús vivió este ambiente y, por ello, abogará en su predicación por unas relaciones familiares más fraternas, donde ese fuerte dominio patriarcal se sustituya por un mutuo servicio. Jesús, seguramente pensando en ese padre plenamente autoritario, dijo: <
Como preparación para dicho autoritarismo patriarcal, al cumplir los ocho años, los niños varones eran introducidos en ese mundo autoritario de los mayores donde se les enseñaba a ser <
Por otro lado, la reputación de la familia, estaba por encima de todo. Es necesario advertir que la familia de Jesús, según costumbre, no era sólo la pequeña célula familiar del padre, esposa e hijos. Jesús, como los demás, estaba integrado en una familia más extensa. Entre los hermanos y hermanas de Jesús, varios estarían casados y tendrían su pequeña familia. Todas ellas formarían la familia extensa de Jesús que, a la vez, sería una parte muy importante de la aldea de Nazaret. Y, todo este clan permanece vigilante para que nada ponga en entredicho su reputación.
Se vigilaba sobre todo a las mujeres. Ellas debían dar hijos varones para mantener el patriarcado. No podían mantener una relación sexual sin el consentimiento del grupo; esto, pues, no se oponía a la castidad que se les inculcaba.
Los judíos de la época de Jesús manifestaban, dos veces al día, su fe en un sólo Dios, por la mañana y por la noche, diciendo: <
Los varones judíos eran circuncidados a los ocho días de su nacimiento. Jesús, al ser circuncidado por su padre, este lo reconoce como hijo e ingresa en la comunidad de la Alianza.
Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, por haber tenido un hijo, fue al Templo para presentarlo al Señor. Es así como empieza el evangelio de hoy. Y termina diciendo: <
Reflexión: relee este comentario y hazte una idea del ambiente en que iba creciendo Jesús.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Domingo IV de Adviento. 21/12/2008. Evangelio Lucas 1, 26-38
Para empezar, es necesario mencionar que Jesús tuvo hermanos. Ignoramos si nacieron antes o después de él. Así, en el evangelio de Marcos, capítulo 6, versículo 3, se menciona que los habitantes de Nazaret decían: "¿No es este el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón?, ¿no están sus hermanas aquí con nosotros?". Según Maier, el investigador católico de más prestigio, da como lo más probable que los hermanos y hermanas de Jesús lo fueran realmente, no simplemente parientes. Siendo así, ¿no habría que poner en los Belenes a algún hermano/a al lado de la cuna?.
Si quitamos la virginidad de María, cerramos completamente la entrada a una verdadera fe cristológica. Cristo nos ha sido dado por gracia. Nos justificamos por la fe y no por las obras, aunque la fe, para no ser fe muerta, produce necesariamente obras buenas. La fe ha de ser, necesariamente, fe viva. Así, Jesús se nos da como un regalo de Dios Padre y no por concurso de varón. Dios se hace hombre por amor, para inyectar en los hombres su propia vida, para realizar una gran misión. Jesús se nos da por gracia, como el cielo se nos da gratis, por la fe viva. Por sólo las obras, por buenas que sean no podemos exigirle a Dios el cielo.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Domingo III de Adviento. 14/12/2008. Evangelio de Juan 1, 6-8 y 19-28.
En el evangelio de hoy aparecen tres afirmaciones o temáticas: la referencia a la luz, el bautismo de Juan con su simbolismo, y, finalmente, el anuncio solemne de Jesús.
a) ... y la vida era la luz del hombre (Juan, cap. 1, vers. 4). Es decir, según Juan, para el hombre, la única luz de verdad es el resplandor de la vida. Pero, de una vida que realmente merezca ese nombre. Esa vida, propia de un hombre digno, que habita en el interior del hombre, que le hace realizarse en plenitud, esa vida es la que nos hace descubrir la luz en nuestro interior. Dios ha puesto esa luz dento del hombre, es la que lo orienta hacia el bien y lo atrae con fuerza. Esa luz sale de la misma vida del hombre.
Sin embargo, para los judíos, la luz significaba la misma Ley de Moisés. Esta Ley, y no la propia vida de un hombre justo y bueno, esta Ley, digo, era la luz para los judíos. Al contrario, en el evangelio de Juan, como terminamos de afirmar, "la vida es la luz del hombre"; sin embargo, para los judíos, "la Ley, a la que llaman Luz, es la vida del hombre". Al hombre no lo orienta una ley externa, sino que es la vida misma del hombre justo y bueno la que lo orienta y le da luz. En este sentido, la vida es antes que la doctrina.
Para el evangelio de hoy, la luz verdadera es la que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Pero, llegó un momento en que el hombre rechazó esta luz que habitaba en su corazón.
b) Juan el Bautista viene para dar testimonio de la Luz verdadera y le hacen una serie de preguntas a las que contesta negativamente: Yo no soy el Mesías. Ni Elías. Ni el profeta. Le preguntan definitivamente: ¿Entonces, por qué bautizas? Es necesario advertir que entre los judíos había bautismos, pero se bautizaban a sí mismos. Los había religiosos y civiles y tenían diversos significados. Sin embargo, nadie era bautizado por otro. Juan el Bautista bautizaba a los demás. No se bautizaban ellos mismos. Además, el bautismo del Bautista pide la ruptura con las instituciones, avivando el descontento que existía contra ellas. Romper con aquellas es encontrar la luz, encontrar el sentido de la vida. Es pasar de las tinieblas a la luz. Por algo se citan las palabras de Isaías.
c) El Bautista, dice no ser quien a desatarle a Jesús la correa de sus sandalias. El texto hace alusión a la ley judía, según la cual, cuando uno moría sin hijos, un pariente debía casarse con la viuda para dar hijos al difunto. Si el que tenía la obligación de hacerlo no la cumplía, otro podía sustituirlo. Para ello, el que accedía al matrimonio debía desatar la sandalia del que perdía tal derecho.
Por tanto, si Juan no puede desatar las sandalias a Jesús es que Jesús va a ser el verdadero Esposo. Los profetas, a menudo, presentaban la alianza entre Dios y su pueblo como una unión conyugal entre los mismos. Por tanto, Jesús nos ama con el amor de un verdadero Esposo.
Recordemos: ante las instituciones, debemos observar si nos permiten llevar una vida plenamente humana, para con nosotros y para con los demás. Si es así, son camino de luz. De lo contrario, se impone perfeccionarlas o, en lo necesario, no hacer caso de ellas.
