El evangelio de hoy comienza con una pregunta que hacen a Juan el Bautista aquellos que acudían a ser bautizados por él. Le dicen ¿qué tenemos que hacer? Es la pregunta clásica de los que han iniciado el proceso de conversión y desean sinceramente salvarse. Es necesario fijarse que, en la respuesta, no se acude a la Ley religiosa ni a la necesidad de ofrecer sacrificios rituales. Se acude a las relaciones diarias con los demás. Juan predica al pueblo el compartir. Pide un mínimo de solidaridad con el prójimo compaginado con el deber de la profesión.
Sin duda, entre los que iban a ser bautizados por Juan, habría gente acomodada que tenía para abrigarse bien del frío de la noche junto al río Jordán y llevaban, además, buenos y abundantes alimentos. Por eso, a la pregunta ¿qué tenemos que hacer?, Juan contesta: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene, y el que tenga comida haga lo mismo".
Se acercan a bautizarse unos publicanos y le preguntan lo mismo: ¿qué tenemos que hacer?. Estos eran los encargados de cobrar los impuestos y colaboraban con una "multinacional", el imperio romano, para exquilmar lo que podían. Jesús les contesta: "No exijáis más de lo establecido". No les manda abandonar su profesión, a pesar de que por ello eran considerados pecadores.
A los militares que le hacen la misma pregunta, les dice: "no hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, contentáos con vuestra paga". Y es que tanto los publicanos como los militares se aprovechaban del pueblo todo lo que podían.
La predicación de Juan Bautista no pide nada heroico, pero a todos pincha allí donde les duele. Los militares, aunque fuesen judíos, también eran considerados pecadores. Sin embargo, Juan no les obliga a que dejen su profesión con tal de que no extorsionen a la gente.
Utilizando un lenguaje actual, podemos decir que la reforma social no es por sí misma el contenido del reino de Jesús. La reforma ya la promovían los profetas del Antiguo Testamento y es la que pide Juan el Bautista. Creo que es aquí donde debemos situar las encíclicas sociales de los Papas. Se trata de una preparación a la verdadera conversión. Allanad los caminos, decía el Bautista.
Pero, el reino de Jesús es interno, es el amor del Espíritu, es su fuego devorador que nos arde por dentro. Es la gracia de Dios en nuestra vida. Sin la preocupación por los demás, sin ayudarlos, no llegará a nosotros el fuego del Espíritu que nos viene por la adhesión a Jesús de Nazaret.
Por esta razón, dice Juan que él bautiza con agua sólo. Pero viene Jesús que nos bautizará con Espíritu Santo y fuego. Si lo acogemos por la fe, nuestro espíritu dará testimonio de esta verdad. Ayudémos al prójimo necesitado y volvámonos a Jesús.
Compromiso:
Practiquemos cada día lo que ayuda a los demás en cada momento, en cada situación, según las verdaderas necesidades de cada uno. Así estaremos allanando el camino para la venida de Jesús en la Navidad. Acerquémonos a él para recibir su Espíritu.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Domingo III de Adviento. 13/12/2009. Evangelio de Lucas, 3,10-18
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Domingo II de Adviento. 06/12/2009. Lucas 3, 1-6
Empieza este evangelio dando a conocer quienes gobernaban en Israel, tierra de Jesús. Nos recuerda el nombre del emperador romano, el gobernador, algunos virreyes y sumos sacerdotes. En esa época, vino la palabra de Dios sobre Juan el Bautista. El historiador Josephus, de finales del siglo I, nos aporta interesantes datos sobre él.
Palabras importantes del evangelio de hoy son: bautismo, conversión, perdón de los pecados y salvación de Dios.
Entre finales del año 27 y primeros del 28, aparece en Palestina un profeta que provoca un fuerte impacto entre el pueblo. Es Juan, que practica un rito desacostumbrado en las aguas del río Jordán. Era de familia sacerdotal y rural. En un determinado momento abandona su trabajo sacerdotal y, movido sin duda por el Espíritu de Dios, se marcha a predicar su mensaje al desierto. El lugar escogido es frente a Jericó, pues aquí, en la antigüedad, el pueblo conducido por Josué cruzó el río Jordán para entrar en la tierra prometida. La elección del lugar era intencionada. Hay que situarse simbólicamente en el punto de partida, escuchar la palabra de Dios, purificarse en las aguas del Jordán y entrar renovado en el país prometido.
Lo urgente del mensaje de Juan el Bautista es convertirse y acoger el perdón de Dios, manifestándolo externamente con un gesto llamado bautismo por inmersión. Las aguas vivas, las aguas que discurren limpias por el río, tienen un significado religioso entre muchas de las gentes de aquella época. De ahí el gran significado del bautismo.
El bautismo de Juan, que se da a los adultos, exige la conversión de verdad. Es necesario pedir perdón no sólo de los propios pecados sino, también, de los pecados de la nación. El pueblo de Dios debe ser ejemplo en todo y todos deben colaborar. La conversión es absolutamente necesaria y ningún rito religioso puede sustituirla, ni siquiera el propio bautismo. Los pecados se confiesan en voz alta, los propios y los de la nación. Este bautismo incluye el perdón. Según el evangelio de hoy, es un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Esto es, sin duda, lo que conmueve a la gente: que a su conversión acompañe el perdón.
Los bautizados por Juan vuelven a sus casas para vivir de manera nueva, preparados para la llegada inminente de Dios: ¡han hecho uno buenos ejercicios espirituales!
Cuando se haya hecho lo que implica el bautismo de Juan: preparar el camino del Señor, allanar los senderos, elevar los valles, rebajar los montes, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso; entonces veremos la salvación de Dios. Bonitas metáforas.
Práctica:
Realizar una verdadera conversión y reflexionar sobre dicha experiencia.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Domingo I de Adviento. 29/11/2009. Lucas, 21, 25-28 y 34-36
jueves, 19 de noviembre de 2009
Solemnidad de Jesucristo rey del universo. 22/11/2009. Juan 18, 33-37
Recuerdo que previamente debe leerse el evangelio que corresponde e incluso tenerlo a mano.
Cuando Pilato pregunta a Jesús si es el rey de los judíos, Jesús le contesta: "¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? (v. 34)". Es decir, le pregunta si actuó por propio convencimiento o como instrumento de otros. ¡Cuántas veces nosotros no estamos convencidos de algo y actuamos según nos dicta el pensamiento de otros! ¡Cuántas veces obramos al dictado de una ideología que nos imponen! La verdad os hará libres, dijo Jesús.
Los sumos sacerdotes odian más a Jesús, su paisano, que a los invasores romanos, a quienes lo entregan para satisfacer su odio.
En el diálogo con Pilato, Jesús descarta la realeza que se apoya en la fuerza de las armas. Renunciando al uso de la fuerza, manifiesta que no es rey como los demás. Le pregunta Pilato: "Luego, ¿tú eres rey?". Contesta Jesús: "Tú lo dices: yo soy rey" (v. 37a). Pilato queda extrañado porque no puede comprender a un rey que renuncia al uso de la fuerza para defender su derecho. Pero, no solamente Jesús es rey, sino que también hace reyes a sus discípulos, porque los hace libres, hijos de Dios.
Jesús explica lo que tiene que hacer como rey, es decir, su función: dar testimonio de la verdad. Esta verdad de la que Jesús da testimonio es Él mismo, el resplandor de la vida divina, la luz. Nos da su propia experiencia, la del Espíritu que es vida y amor. Nos da la experiencia de saber o intuir o tener una experiencia interior de lo que es la vida para siempre y de lo que es la vida de amor. Jesús, como rey, nos hace este inmenso regalo. Jesús es la verdad sobre Dios y la verdad sobre el hombre.
Lo visto son las dos características de Jesús como rey: su renuncia al uso de la fuerza y su misión de dar testimonio de la verdad. Y ¡cuántas veces la iglesia ha recurrido al uso de la fuerza! ¡Por cuántas cosas debe pedir perdón a los mismos cristianos y a la humanidad entera! Y no miremos solamente a tiempos pasados, pues existe no sólo la fuerza y la violencia física. Existe también la violencia moral cuando no se predica una teología plural o un pluralismo teológico. Una pluralidad a la que los creyentes tenemos derecho. No es verdad que todo lo que hay que decir, ya está dicho. Cuando se trata de fomentar una unidad de pensamiento en todos los aspectos, se está derivando hacia una ideología o hacia una opresión.
"Todo el que es de la verdad escucha mi voz", termina diciendo Jesús en el evangelio de hoy. Jesús nos da testimonio de la verdad y nosotros escuchamos su voz.
¡Ojalá sea siempre así!
Compromiso: los cristianos más conservadores no deben mirar mal a los más aperturistas, y viceversa. Pero sí debemos tener siempre los ojos abiertos hacia los dolores y sufrimientos de los demás, que es lo que nos pide la fe en Jesús de Nazaret.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario. 15/11/2009. Marcos 13, 24-32
Al empezar la explicación de este evangelio es necesario exponer la situación de los cristianos a quienes se dirige Marcos en su evangelio. Ellos pasan por los desastres de la guerra judía, en la que se destruye el gran edificio del Templo. Son amargas experiencias de aquel presente. Para ellos parece el fin del mundo y esperan ansiosamente la segunda venida del Hijo del hombre, es decir de Jesús. Marcos trata de afianzar en ellos la idea de que, a pesar de todo, Dios sigue siendo el Señor de la historia y que, en su fase final, él ordena todas las cosas. Pero, Marcos en su evangelio no da fechas de cuándo será el fin de este mundo. Sólo trata de responder a la ansiedad que tienen aquellos cristianos, deseando que Jesús vuelva pronto. Para dar respuesta a esos deseos, Marcos se vale de diversas tradiciones o formas de pensar. Usa, además, un lenguaje metafórico o apocalíptico que, como tal, no puede tomarse al pie de la letra, sino que debe comprenderse en su significado.
Dice el evangelio de hoy que el sol se oscurecerá, la luna no dará resplandor y las estrellas caerán del cielo. Es todo un vocabulario apocalíptico que usaban los judíos desde antiguo, para adornar literariamente cualquier juicio de la ira de Dios.
El punto más importante es la aparición del Hijo del hombre que, para Marcos, es Jesús. Continúa el lenguaje metafórico. Se dice que el Hijo del hombre viene sobre nubes para expresar que, como ser celeste, pertenece a Dios. El destaca entre la oscuridad del sol, la luna y las estrellas. Reunirá a todos los elegidos, de todas las partes del mundo y vivirán con él. El pueblo de Dios que se dispersa por toda la tierra es reunificado al final de los tiempos.
Dice Jesús que debemos aprender de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas deducimos que el verano está cerca (v.28). La higuera, a diferencia de otros árboles de Palestina que se mantienen verdes todo el año, pierde sus hojas en invierno. Además, allí la primavera es muy corta, con lo que al brotar las yemas de la higuera tenemos ya muy cerca el verano. Hasta tal punto tenía esto importancia, que los rabinos utilizaban los cambios de la higuera para medir las estaciones del año.
Marcos, en el evangelio de hoy, reúne diversas tradiciones o modos de pensar, dando de esta forma diversos puntos de vista sobre el comienzo de la parusía o fin del mundo y juicio final. El versículo 32 es el que pone las cosas en su sitio: el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el padre lo sabe. Así es como lo expone el propio Marcos en contraposición a otra opinión que circulaba entre los cristianos y que afirmaba que "no pasará esta generación antes de que todo se cumpla".
Aplicación:
Se ve en este evangelio un respeto a la pluralidad de pensamiento entre los cristianos. Permaneciendo en la fidelidad a Jesús, aprendamos a tener esa pluralidad de pensamiento y a respetarnos mutuamente sin despreciarnos unos a otros.
