jueves, 16 de noviembre de 2017

XXXIII Domingo del tiempo ordinario. Ciclo A.19-11-2017. Mateo 25, 14-30



         El tema que unifica las tres lecturas de la misa de este domingo se condensa en el final de la segunda. Es necesario trabajar, no debemos dormirnos. Incluso para vivir cerca de Dios, para llevar una vida auténtica de relación con El.


         Para memorizar, se propone el final del evangelio que dice: “Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará”.


         La primera lectura se toma del libro bíblico del antiguo testamento llamado Proverbios (31, 10-13, 19-20. 30-31). Nos habla de la mujer hacendosa que es la riqueza para su casa. Es muy trabajadora y de ella se fía el marido. Pero, no se queda ahí: “Abre sus manos al necesitado, extendiendo su brazo al pobre”. Es la mujer completa en lo humano y en lo divino.


         La segunda lectura es de la primera carta a los Tesalonicenses (5,1-6). Afirma que el día del Señor llegará. Ojala la muerte nos llegue habiéndonos echado en los brazos de Dios. Durante la vida acostumbrémonos a echarnos en ellos muy a menudo. Digamoslo muy a menudo. No durmamos como los demás, si no estemos despejados y vigilantes.


         El evangelio de este domingo, partiendo de una comparación muy humana y muy material, sirve de soporte a cómo debe ser nuestra vida en relación al reino de Dios. Dos siervos se preocuparon de la buena administración de los bienes de su Señor y los hicieron crecer. Otro, simplemente, se ocupó de conservarlos sin acrecentarlos, y se dio por satisfecho.


         El Señor premia a los dos primeros diciendo a cada uno: “¡Bien siervo bueno y prudente. Como has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante: entra en el gozo de tu Señor!”.


         Sin embargo, el tercero, el que no había querido aumentar los bienes de su Señor es tratado como negligente y holgazán. Lo pierde todo por no administrar los bienes de su Señor de forma productiva.



         Como se ve, para aplicar este evangelio a nuestra vida de creyentes es necesario proyectarse de lo meramente natural y material a lo netamente sobrenatural. ¿Cuál es el patrimonio que Dios pone en nuestras manos para que lo hagamos crecer? – Es el amor a la palabra de Dios, a la Eucaristía, el cautivo de la fe… son bienes preciosos. ¿Qué haremos para contagiar a los demás? ¿Para hacerlos crecer en los demás? Haz un esfuerzo por acordarte de Dios varias veces al día: Al entrar en el ascensor, al pasar por delante de una iglesia, o por delante de tal sitio por donde pasas con frecuencia, al salir de casa, … Son cositas que te llevaron muy poco tiempo, no te ponen en peligro de caerte y te hacen vivir más en la presencia de Dios. Si lo practicas y vas propagando la idea a la vez que cumples el mandamiento del amor, estás trabajando por el reino de Dios acrecentando el grupo de los que lo aman.



Palabras clave: brazos


Compromiso: proponte hacer lo que te enseña este comentario.

viernes, 10 de noviembre de 2017

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 12-11-2017. Mateo 25,1-13

   Una línea directiva de las lecturas de este domingo es, en definitiva, el encuentro con la verdadera sabiduría. Desde aquí, desde esta perspectiva, adquiere una gran luz el espíritu, la vivencia de la misa de hoy. Como texto para memorizar propongo el comienzo de la primera lectura: "Radiante e inmarcesible es la sabiduría. Fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan" (Sabiduría 6,12-13).

   En efecto, y ya en la primera lectura, se menciona la verdadera sabiduría, no la de conocer muchas cosas de este mundo, sino la sabiduría de Dios. Aunque no nos demos cuenta, está dentro de nosotros, pero sólo la encuentran los que la buscan. Los que se abren al misterio, a Dios. Los que hacen oración, aún sin saber de Él, y dicen un día y otro día: "Señor, si me lo haces ver, yo te seré fiel y creeré en Ti".

   La segunda lectura (1 Tesalonicenses 4,13-18) nos pone en relación con los difuntos. Estamos en las manos de Jesús, en las manos de Dios. Por esta razón, nosotros, los que aún vivimos en este mundo, no vamos a aventajar a los que ya murieron. Todos vamos a estar siempre con Él, y por lo mismo, debemos consolarnos siempre con estas palabras. Con esta fe, la sabiduría adquiere perspectiva. Nos hace mirar nuestros días con una gran esperanza.

   La lectura evangélica de Mateo 25,1-13 está muy en relación con la primera. En efecto, el aceite para las lámparas de las doncellas es un símbolo del Espíritu Santo, de la Sabiduría, tal como se ve en la profecía de Zacarías (4,1-14). Esta parábola de las diez vírgenes o doncellas no es un invento de Jesús, sino que representa la realidad, nos dice como se realizaban las bodas judías en aquella época. Y con ella, Jesús se centra en la necesidad del aceite ardiendo en las lámparas para recibir al esposo. Debemos estar llenos del Espíritu Santo, es decir, de la verdadera sabiduría, de la sabiduría de Dios. Es el significado bíblico del aceite.

   Esto, para el creyente, se traduce en profundas vivencias. La cercanía de Dios, la unión con Él, es el trasfondo místico que se manifiesta en nuestras vivencias reales, que nada tienen que ver con puros sentimentalismos sensibleros. Es la raíz de la mística. Y es lo fundamental de toda catequesis, desde la preparación a la Comunión hasta la Confirmación. Sin el aceite de las lámparas no habrá vida cristiana auténtica. Sin ella, no nos conocerá el Señor.

   Compromiso:
   Piensa seriamente en las raíces místicas que alimentan tu vida espiritual.



jueves, 2 de noviembre de 2017

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 5-11-2017. Mateo 23,1-12

   Generalmente las lecturas de la misa dominical van aclarando como debe ser la conducta moral y espiritual de los fieles cristianos. Sin embargo, las de hoy se refieren muy directamente a como deben comportarse los sacerdotes, los que pastorean de una forma u otra el rebaño del Señor.

   En este domingo, dichos pastores, sacerdotes, obispos, etc. deben tener la finura, ante los simples fieles, de predicar cual debe ser la conducta de los mismos, y reconocer sus deficiencias para corregirlas.

   Como texto para recordar, se propone: "Uno solo es vuestro maestro, el Mesías" (Mateo 23,11).

   La primera lectura, tomada del libro de la Biblia llamado Malaquías (1,14b-2,2b.8-10), entra directamente al tema y les dice a los sacerdotes que deben dar gloria al nombre del Señor y que, si no lo hacen, serán malditos. Que no deben hacer que los demás tropiecen ni profanar la alianza que Dios hizo con nosotros.

   En la carta primera a los Tesalonicenses (2,7b-9.13), habla del comportamiento de Pablo, tratándolos como una madre que cuida con cariño de sus hijos. Ellos han ganado su amor. Acogieron la predicación como palabra de Dios que está operante, activa, entre ellos.

   El evangelio se presenta muy duro con los escribas y fariseos, es decir, con los maestros y predicadores judíos de la época de Jesús. Hoy tendremos que analizar si los dirigentes eclesiásticos caen o no bajo la reprimenda de Jesús. Algo en lo que el actual papa incide a menudo es el daño que hace a la Iglesia la clericalización de la misma. Es decir, el que los sacerdotes no permitan a los simples fieles tener iniciativas de tipo pastoral introduciendo, si es preciso, cambios en la marcha de la misma parroquia. Siempre, claro está, bajo la supervisión del responsable parroquial o sacerdote. Como regla general, para evitar dicha clericalización debe crearse en todas las parroquias el llamado Consejo de Pastoral. Este se reune, como mínimo, una vez al trimestre y siempre que sea necesario. En él se decide lo que sea necesario para la buena marcha de la parroqua, para su crecimiento apostólico y para el bien de las almas. Se aprueba y se pone a funcionar. De esta forma se favorece la participación de los seglares en el apostolado de la iglesia y se evita una clericalización de la misma.

   Con esta corresponsabilidad parroquial aumenta la hermandad entre sacerdote y feligresía. Y el único maestro de todos no será el párroco, sino Jesús.

   El Consejo de Pastoral es la mejor forma de realizar el espíritu de la lectura evangélica de hoy. Todos los católicos tienen el deber de pedir su creación en la correspondiente parroquia.


   Compromiso:
   Entérate si en tu parroquia existe el Consejo Pastoral. Si es necesario, habla con tu párroco y promuévelo.

lunes, 23 de octubre de 2017

XXX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 29/10/2017. Mateo 22,34-40

   La liturgia de este día nos presenta la raíz básica de toda experiencia mística, es decir el amor a Dios y al prójimo. Todo lo que fomenta el verdadero amor a Dios y un recto amor al prójimo va en el camino de la recuperación de la verdadera religiosidad. Como frase a memorizar escojo en la primera lectura la que dice: "si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de que marche el sol, porque con eso se cubre él y se acuesta (Exodo 22,25-26).

   La frase dicha nos hace ver el tono de la primera lectura: Exodo 22,20-26. Es un auténtico reflejo de cómo debe ser el amor al prójimo. No se puede explotar a las viudas ni a los huérfanos. Ni ser usurero con los pobres, ni exigirles la devolución por la fuerza, ni cargarlos de intereses.

   La segunda lectura (1 a los Tesalonicenses 1,5c-10) nos manifiesta cómo se debe vivir la fe. Aquellos cristianos eran verdaderamente místicos y un modelo para los demás creyentes. Manifestaban la alegría de ser cristianos, la alegría del Espíritu Santo. A través de ellos la palabra del Señor resonaba en todas partes. En una palabra: vivían la fe para ellos y para los demás. O, siguiendo a la misma lectura, se habían vuelto a Dios para servir, de verdad, al Dios vivo y verdadero.

   En el evangelio de hoy se manifiesta la gran unión que existe entre el amor a Dios y el amor al prójimo. En estos dos amores se sostiene toda la Ley Bíblica y las enseñanzas de los Profetas. Este es el resumen y la enseñanza de todo el evangelio de hoy.

   Existió un judío llamado Hillel, al que seguramente conoció Jesús y que subrayaba la importancia del espíritu más que de la letra de la ley mosaica. Y Hillel cuenta que un día un pagano se le acercó y le dijo que se convertiría a la fe judía si era capaz de enseñarle toda la Ley Bíblica, permaneciendo de pie sobre una sola pierna. Hillel le respondió: "Lo que es odioso para ti, no lo desees para los demás". Eso es toda la Ley Bíblica y el resto es sólo su comentario.

   Como se ve, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo resumen toda la Ley en sólo dos mandamientos: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Y el otro mandamiento, que es semejante al primero, dice: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Como son mandamientos semejantes, cumpliendo el primero, si amamos a Dios de verdad, estamos cumpliendo el segundo. Y si amamos al prójimo, en una gran profundidad, llena de amor y de intensidad, nos estamos acercando a Dios. Amamos a Dios. Es el gran encadenado cristiano: Dios y los hombres. Los hombres y Dios.

   Compromiso:
   Sitúate en el punto de partida de toda experiencia mística.

lunes, 16 de octubre de 2017

xxiv Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 22/10/2017. Mateo 22,15-21

      Aunque siempre es el día de Dios, hoy, en base a las lecturas, sí que podríamos decir que, efectivamente, sí lo es. Como frase muy conocida, propongo para memorizar la de "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mateo 22,21)". O, si lees las lecturas, cámbiala por otra que sea de tu agrado.

   En la primera lectura (Isaías 45,1.4-6) se proclama al único Dios existente, y al que no conocemos. Dios es un misterio en el sentido de que no podemos explicar cómo es. Pero él sí nos conoce, y nos llama por nuestro nombre. No somos un cualquiera para Él. Fomentemos nuestra relación con Él. Sólo podremos llegar a una relación íntima con Dios, por medio de la oración meditativa, acordándonos de Él con frecuencia, diciéndole que lo amamos y recibiéndolo muy a menudo en la comunión.

   La segunda lectura (1 Tesalonicenses 1,1-5b), nos pone en situación de preguntarnos por la actividad de nuestra fe y el esfuerzo de nuestro amor. Es decir, nos invita a preguntarnos si trabajamos a favor de la fe y si esa actividad sale de nosotros como fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda. Nuestra fe debe ser activa, no sólo de asistencia a la iglesia, a los cultos.

   El evangelio de hoy se resume en la frase final del mismo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Los fariseos quisieron meter a Jesús en verdaderos apuros con las autoridades romanas. Pero Él sale airoso. Hay que dar a Dios lo que es de Dios. Sobre esta enseñanza se puede hablar tanto que tendríamos para bastante tiempo y abarcaríamos toda una diversidad de temas.

   Me parece interesante caer en la cuenta de la importancia de la fuerza que viene de Dios, es decir, de la fuerza del espíritu. Esta es la gran paradoja. Lo que nosotros damos a Dios siempre revierte en nosotros. Es premio de Dios y no un esfuerzo nuestro, aunque pueda parecerlo.

   Dios es un haz de colores que te cambia el alma si tú te dejas llevar. Dios es una canción que conmueve el fondo de tu espíritu y te lleva a experiencias nuevas. Dios te cambia la vida. Y te lleva a un nuevo "dar a Dios lo que es de Dios". Es algo que no se acierta a expresar. Es lo que llamamos "experiencias místicas", de una forma o de otra. No hacen falta experiencias de un santo de mucha altura. Pero son un regalo de Dios. Y si queremos que no desaparezca la religión hay que ir en esta línea de dar a Dios lo que es de Dios.

    El gran teólogo llamado Rahner dejó dicho que, en el siglo XXI, o la religión era mística o no habría religión.

   Compromiso:
   Reflexiona sobre este comentario.

 
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