En este domingo, se nos presenta la espiritualidad de los hijos de Dios frente a la espiritualidad de los impíos. Hablando de espiritualidad parece que suena mal o muy mal hablar de la espiritualidad de los impíos. La espiritualidad es algo muy serio. Se podrá tener mayor o menor grado de espiritualidad, pero nuestra espiritualidad siempre lleva la dirección de Dios, siempre apunta hacia Dios con el objetivo de amarlo cada vez más. A pesar de nuestros pecados, de nuestras debilidades. Pero, continuamente nos ponemos delante de su mirada y nos dejamos llevar de la mano. la primera lectura de la misa de este domingo es del libro bíblico de la Sabiduría en 2,1.17-20. Según nos dice, muchos piensan que al justo no le suceden cosas malas en la vida, pues Dios lo auxiliará y lo liberará del enemigo. Es verdad Dios está siempre con nosotros. Pero, no es menos cierto que Jesús sufrió muerte de cruz y Jesús, no obstante ¡sigue vivo! ¡Con Dios no hay muerte definitiva! La segunda lectura es de la carta de Santiago, 3,16-4,3. Nos dice que la verdadera sabiduría nos viene de lo alto y está llena de misericordia y buenos frutos. Pero, ellos a los que se dirige la carta, ambicionan y envidian y no pueden conseguir nada. Les dice Santiago, que no obtienen porque no piden y si piden, lo hacen mal, porque piden para satisfacer sus pasiones. ¡Y todavía hay algunos que piden mal, pues no piden para que la gente vaya por el buen camino, sino para satisfacer sus propios intereses! Y entramos ya en el evangelio de este domingo (Marcos 9,30-3,7). ya lo decía al comienzo de este comentario: Jesús sufrió muerte de cruz. A estas dos ideas se hace referencia el evangelio. La primera es una que Jesús no pierde de vista: Que va a ser entregado y lo matarán, pero al tercer día resucitará. La segunda, es quien va a ocupar el primer puesto en el grupo que va a organizar Jesús. La respuesta es bien sencilla: Será el servidor de todos. Y pone de ejemplo a un niño. El que acoge a un niño en nombre de Jesús, a este es a quien acoge. Al servidor de todos, ni más ni menos. El evangelio de hoy nos deja totalmente desarmados, descentrados. Las reglas del mundo no son las de Jesús. Esas reglas no se entienden. Solo se entiende si está por el medio el amor a Cristo. Él nos da el gozo de practicarlo y entrenarlo. Él nos da luz y vida. Él nos hace comprender que es la verdad. ¡Lo que hay que hacer! ¡Ponte tú mismo el compromiso, sin olvidar tus primeras obligaciones!
martes, 14 de septiembre de 2021
miércoles, 8 de septiembre de 2021
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Dulce nombre de María. 12/09/2021. Marcos 8,27-35
Algún día, o mejor más de uno, habrá que dedicar a reflexionar sobre el estar dispuestos a dar nuestra vida por defender a Jesús, nuestro Señor, o los valores que él nos trajo. Un cristiano tiene que estar siempre dispuesto a ello. Amar a Dios, a Jesús, cada vez más. Dice el profeta Isaías 50,5-9a que no escondió el rostro ante ultrajes y salivazos. El señor Dios lo ayudaba, e Isaías no quedó defraudado. Que esto nos sirva para una profunda oración. Pero una oración sencilla, con amor, echándonos en brazos de Dios y llenándonos de confianza.
El salmo 114,1-6,8-9 dice: "Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos". Repitámoslo varias veces durante el día. Nos ayudará a mantener la presencia de Dios en nosotros. Animémonos.
En la Carta de Santiago 2,14-18 se los presenta la fe y las obras. La fe sin las obras no vale nada. Las obras son las que nos muestran el valor real de nuestra fe. Como tengo oído a gente sencilla, cristiana, y nos recuerda el evangelio, la fe sin obras es fe muerta. Toda la razón. La fe no se puede demostrar sin las obras.
En el evangelio de hoy, cuando Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él, cada uno opina a su modo. Pero cuando les pregunta directamente a ellos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?", tomo Pedro la palabra y dice: "Tu eres el mesías". Así, de frente, y no por decirlo, sino plenamente convencido. Jesús no quiere dar publicidad de que él es el mesías. Y empieza a dar una formación muy seria a sus discípulos de lo que le espera., empezando por decirles cómo va a ser despreciado por todos, ejecutado con muerte de cruz, como cualquier malhechor, y como resucitará al tercer día. Pedro no puede admitir eso, porque espera sin duda un alto puesto después de Jesús. No sabe todavía para qué vino Jesús a este mundo. El pensamiento de Dios es muy distinto. Por eso le contesta Jesús: "Tu piensas como los hombres, no como Dios". Y para terminar, la iglesia nos recuerda el final de este evangelio que se puede unir, con su significado, con la primera lectura de la misa de este domingo: "Mirad, el Señor Dios me ayuda".
Reflexiona sobre tu fe.
lunes, 30 de agosto de 2021
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario. 05/09/2021. Marcos 7, 31-37
La primera lectura de hoy es preciosa. Está latente una gran fiesta donde todo es alegría y espontaneidad. Es la alegría que nos trae Dios. No se menciona la fiesta ni la alegría, pero ahí están. ¡Dios viene a salvarnos! Lo dice él mismo en la primera lectura de la misa de este domingo. Está en el libro de Isaías 35,4-7a. Dios viene en persona a salvarnos. Qué expresión tan bonita. Dios no espera que los suyos vayan a él. No. ¡Viene él a los suyos! Es lo que nos sucede cuando morimos. En ese momento Dios se presenta ante nosotros, tiene prisa por abrazarnos, ¡es verdad! Y viene adornado de tanta gloria, de tanto brillo, que nosotros quedamos en el momento completamente limpios ¡Y... al cielo directos! Y se arma la gran fiesta: se abren los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos, la lengua de los mudos se despega, brota el agua en los desiertos...
lunes, 23 de agosto de 2021
XXII Domingo del Tiempo Ordinario. 29/08/2021. Marcos 7,1-18.14-23
Hoy es un día de verdadero agradecimiento a Dios porque las lecturas de la misa nos ponen en una situación de ver en que consiste la verdadera religión. Como dice el Papa Francisco, es la autenticidad de nuestra obediencia a la palabra de Dios, sin contaminarse con lo mundano o cayendo en una interpretación literal de las cosas.
La primera lectura se toma del Deuteronomio 4,1-2.6-8. En ella vemos como las leyes y los preceptos de los judíos son verdaderamente admirados por los demás pueblos. Y las vivencias que tienen son las de un Dios cercano de verdad a su pueblo. Se vive, de verdad la religiosidad.
Repitamos en nuestro interior varias veces durante el día: "Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?".
La segunda lectura se toma de Santiago 1,17-27. Tiene una palabra clave para la interpretación de la misma y es la palabra "injertar". La palabra de la verdad ha sido injertada en nosotros y nos hace vibrar. Quien nos hace vibrar no es el rito, la ceremonia, sino la verdad que ese rito expresa, verdad que debemos vivir con intensidad. Es necesario vivir el significado de los ritos, profundizar en lo importante, para no quedarse con una piedad hueca, sin profundidad. En la misa hay alguna ceremonia que, sin duda, está cargada de emoción y de significado. Por ejemplo, darse la paz. Si yo le doy la paz a mi esposa y a mis hijos con un beso y lo hago con verdadero amor y cariño expreso lo que más importancia tiene: lo que de verdad nos queremos toda la familia. Pero siempre que sea breve y sencillo. Sin embargo, este mismo gesto puede ser realizado de una forma, más o menos fría. Pero, puede expresar muy bien el cariño entre padres e hijos. O la buena relación entre amigos o vecindad. ¿Y el recuerdo de los difuntos? ¿Los recuerdo y los veo ciertamente ante el amor de Dios? ¿Los veo alegres junto a Dios? ¿Me veo en ellos, en su amor y en su cariño? Y así podría seguir llenando a la misa con pleno significado.
Y ya en el evangelio, se nos presenta la práctica de lavarse las manos antes de comer. En vez de tener un significado religioso expresado con sencillez, a modo de oración para dar gracias a Dios por todo lo que él nos da, los fariseos ponen todo el interés en restregarse las manos una y otra vez, como si el acercarse a Dios dependiese de nuestro esfuerzo puramente humano, cuando en realidad es un fruto del amor que va creciendo en nuestros corazones, que no quieren estar lejos de él. No nos apeguemos a un esfuerzo puramente humano, pues no estamos ante un precepto humano, sino ante un deseo cariñoso de Dios. Es pues necesario echarnos de verdad en los brazos de Dios, confiar en él, y los gestos humanos que debamos hacer, hacerlos con sencillez, porque le verdadero amor, aún el más entregado, es fruto de acciones sencillas que nacen de un profundo amor. En este caso, de amor hacia Dios, amor que va creciendo poco a poco.
Compromiso: resume en una frase cortita algo que te haya gustado. Y si te parece, aplícatela.
jueves, 12 de agosto de 2021
XXI Domingo del Tiempo Ordinario. 22/08/2021. Juan 6,60-69.
La primera lectura se toma del libro bíblico Josué 24,1-2a.15-17.18b- Josué reunió todas las tribus de Israel con todas las autoridades y les preguntó si querían servir a Dios o a los dioses de los pueblos amigos de vuestros padres. Josué aclara que él y su casa seguirán sirviendo al único Señor verdadero. El pueblo entero, con todas sus tribus, respondió que jamás abandonaría al Señor, al verdadero Dios, al único Dios, al que estuvo siempre con ellos. ¡Ojalá nosotros como pueblo nos comprometiésemos así con Dios! Trabajémoslo sabiendo sacar conversaciones sobre las cosas de Dios.
Durante el día pensemos y digamos en nuestro interior: "Gustad y ved que bueno es el Señor".
La segunda lectura es de Efesios 5,21-32. Nos habla de la relación entre marido y esposa con referencia a Cristo. Debemos quedar con los pasajes donde se habla del amor entre los esposos. ¡Es maravilloso el amor entre los esposos! Y si está Dios por entre ellos, no digamos. Cuando los de casa aman a Dios y le son fieles, la casa es otra casa. ¡Hagamos de la casa un templo!
La lectura evangélica es de Juan 6,60-69. Pedro le dice a Jesús: Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios. Así termina el evangelio de hoy. Pero, el día de hoy tiene gran importancia. El capítulo 6 del evangelio de Juan deja traslucir siempre la eucaristía. De ahí que uno sienta la obligación de hacer alguna referencia a la misma. La eucaristía sólo puede entenderse bien desde la fe. Pero no como la fe que consiste en creer verdades, sino la fe que consiste en vivir como Cristo vivió, con sus valores, con sus costumbres, con sus criterios. La eucaristía es la expresión o mejor la unión o la fusión con la vida o el destino de Jesús. La eucaristía es abrazarse enteramente a Cristo. Pero, abrazarse de verdad. Sentir sus vivencias, su amor. Su entrega a nosotros y nuestra entrega a él. Llenarnos de su amor. Es así como debemos recibir la comunión. A eso debemos tender y a ello llegaremos con la ayuda de Dios.
