En este domingo, domina la idea de que ojalá el espíritu del Señor estuviera en el corazón de cada uno de nosotros. Irradiaríamos todo su pensamiento al corazón de los demás. Expresaríamos con nuestras palabras todo lo que Jesús espera de nosotros. Nuestras vivencias serían fruto de las mismas vivencias de Jesús, de Dios hecho hombre. Lo expresa muy bien la primera lectura del día de hoy, Números 11, 25-29. "¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!". Es un resumen perfecto. El Señor nos llama a todos para que expresemos su palabra, la palabra de Dios. Lo que él quiere y a lo que nos invita. ¿No estamos preparados para extender el reino de Dios? ¿No tenemos contacto con él en lo más íntimo de nuestro corazón? ¿No sabemos hacer oración con el pensamiento? ¿Sólo sabemos repetir oraciones ya hechas por otros? Debemos animarnos a tener nuestra propia vida interior y que broten palabras desde nuestro corazón. Repitamos durante el día: "Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón". Se toma del salmo 18. La segunda lectura es de Santiago 5, 1-6. Los que han nacido en una aldea conocen muy bien el día de la matanza. Con este ejemplo que se pone al final de la lectura ya está todo expresado. Y todo el metal de la moneda oxidado. Es el fruto de haber explotado al inocente, que sea por las malas, pero convirtámonos, no esperemos a que llegue el día de la matanza del cerdo para comer durante el año. El evangelio de hoy se toma de San Marcos 9, 38-48. A uno que echa los demonios en nombre de Jesús, se le quiere impedir, porque no pertenece al grupo de los apóstoles. Es como si hoy se tratara de impedir a uno que no es sacerdote hablar de Dios, de Jesús de Nazaret. El que vive de Dios, puede hablar de Dios y llevar las almas a Dios. Puede hacerlo cualquier cristiano que viva su fe. Y hay que animar a muchos cristianos a que lo hagan así. Si todos habláramos entusiasmados de nuestra fe, nuestras vivencias se translucirían en nuestras caras, en nuestro interior y en nuestro exterior. Si esto lo entendemos de verdad y nos decidimos a ponerlo en práctica, habremos dado un verdadero paso en nuestra vida de cristianos. Propósito: hoy sí es necesario hacerlo. Pero, debes hacerlo tú, desprendiéndose de algo de este comentario.
miércoles, 22 de septiembre de 2021
martes, 14 de septiembre de 2021
XXV Domingo del Tiempo Ordinario. 19-9-2010. Marcos 9,30-37.
En este domingo, se nos presenta la espiritualidad de los hijos de Dios frente a la espiritualidad de los impíos. Hablando de espiritualidad parece que suena mal o muy mal hablar de la espiritualidad de los impíos. La espiritualidad es algo muy serio. Se podrá tener mayor o menor grado de espiritualidad, pero nuestra espiritualidad siempre lleva la dirección de Dios, siempre apunta hacia Dios con el objetivo de amarlo cada vez más. A pesar de nuestros pecados, de nuestras debilidades. Pero, continuamente nos ponemos delante de su mirada y nos dejamos llevar de la mano. la primera lectura de la misa de este domingo es del libro bíblico de la Sabiduría en 2,1.17-20. Según nos dice, muchos piensan que al justo no le suceden cosas malas en la vida, pues Dios lo auxiliará y lo liberará del enemigo. Es verdad Dios está siempre con nosotros. Pero, no es menos cierto que Jesús sufrió muerte de cruz y Jesús, no obstante ¡sigue vivo! ¡Con Dios no hay muerte definitiva! La segunda lectura es de la carta de Santiago, 3,16-4,3. Nos dice que la verdadera sabiduría nos viene de lo alto y está llena de misericordia y buenos frutos. Pero, ellos a los que se dirige la carta, ambicionan y envidian y no pueden conseguir nada. Les dice Santiago, que no obtienen porque no piden y si piden, lo hacen mal, porque piden para satisfacer sus pasiones. ¡Y todavía hay algunos que piden mal, pues no piden para que la gente vaya por el buen camino, sino para satisfacer sus propios intereses! Y entramos ya en el evangelio de este domingo (Marcos 9,30-3,7). ya lo decía al comienzo de este comentario: Jesús sufrió muerte de cruz. A estas dos ideas se hace referencia el evangelio. La primera es una que Jesús no pierde de vista: Que va a ser entregado y lo matarán, pero al tercer día resucitará. La segunda, es quien va a ocupar el primer puesto en el grupo que va a organizar Jesús. La respuesta es bien sencilla: Será el servidor de todos. Y pone de ejemplo a un niño. El que acoge a un niño en nombre de Jesús, a este es a quien acoge. Al servidor de todos, ni más ni menos. El evangelio de hoy nos deja totalmente desarmados, descentrados. Las reglas del mundo no son las de Jesús. Esas reglas no se entienden. Solo se entiende si está por el medio el amor a Cristo. Él nos da el gozo de practicarlo y entrenarlo. Él nos da luz y vida. Él nos hace comprender que es la verdad. ¡Lo que hay que hacer! ¡Ponte tú mismo el compromiso, sin olvidar tus primeras obligaciones!
miércoles, 8 de septiembre de 2021
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Dulce nombre de María. 12/09/2021. Marcos 8,27-35
Algún día, o mejor más de uno, habrá que dedicar a reflexionar sobre el estar dispuestos a dar nuestra vida por defender a Jesús, nuestro Señor, o los valores que él nos trajo. Un cristiano tiene que estar siempre dispuesto a ello. Amar a Dios, a Jesús, cada vez más. Dice el profeta Isaías 50,5-9a que no escondió el rostro ante ultrajes y salivazos. El señor Dios lo ayudaba, e Isaías no quedó defraudado. Que esto nos sirva para una profunda oración. Pero una oración sencilla, con amor, echándonos en brazos de Dios y llenándonos de confianza.
El salmo 114,1-6,8-9 dice: "Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos". Repitámoslo varias veces durante el día. Nos ayudará a mantener la presencia de Dios en nosotros. Animémonos.
En la Carta de Santiago 2,14-18 se los presenta la fe y las obras. La fe sin las obras no vale nada. Las obras son las que nos muestran el valor real de nuestra fe. Como tengo oído a gente sencilla, cristiana, y nos recuerda el evangelio, la fe sin obras es fe muerta. Toda la razón. La fe no se puede demostrar sin las obras.
En el evangelio de hoy, cuando Jesús pregunta a sus discípulos quién dice la gente que es él, cada uno opina a su modo. Pero cuando les pregunta directamente a ellos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?", tomo Pedro la palabra y dice: "Tu eres el mesías". Así, de frente, y no por decirlo, sino plenamente convencido. Jesús no quiere dar publicidad de que él es el mesías. Y empieza a dar una formación muy seria a sus discípulos de lo que le espera., empezando por decirles cómo va a ser despreciado por todos, ejecutado con muerte de cruz, como cualquier malhechor, y como resucitará al tercer día. Pedro no puede admitir eso, porque espera sin duda un alto puesto después de Jesús. No sabe todavía para qué vino Jesús a este mundo. El pensamiento de Dios es muy distinto. Por eso le contesta Jesús: "Tu piensas como los hombres, no como Dios". Y para terminar, la iglesia nos recuerda el final de este evangelio que se puede unir, con su significado, con la primera lectura de la misa de este domingo: "Mirad, el Señor Dios me ayuda".
Reflexiona sobre tu fe.
lunes, 30 de agosto de 2021
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario. 05/09/2021. Marcos 7, 31-37
La primera lectura de hoy es preciosa. Está latente una gran fiesta donde todo es alegría y espontaneidad. Es la alegría que nos trae Dios. No se menciona la fiesta ni la alegría, pero ahí están. ¡Dios viene a salvarnos! Lo dice él mismo en la primera lectura de la misa de este domingo. Está en el libro de Isaías 35,4-7a. Dios viene en persona a salvarnos. Qué expresión tan bonita. Dios no espera que los suyos vayan a él. No. ¡Viene él a los suyos! Es lo que nos sucede cuando morimos. En ese momento Dios se presenta ante nosotros, tiene prisa por abrazarnos, ¡es verdad! Y viene adornado de tanta gloria, de tanto brillo, que nosotros quedamos en el momento completamente limpios ¡Y... al cielo directos! Y se arma la gran fiesta: se abren los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos, la lengua de los mudos se despega, brota el agua en los desiertos...
lunes, 23 de agosto de 2021
XXII Domingo del Tiempo Ordinario. 29/08/2021. Marcos 7,1-18.14-23
Hoy es un día de verdadero agradecimiento a Dios porque las lecturas de la misa nos ponen en una situación de ver en que consiste la verdadera religión. Como dice el Papa Francisco, es la autenticidad de nuestra obediencia a la palabra de Dios, sin contaminarse con lo mundano o cayendo en una interpretación literal de las cosas.
La primera lectura se toma del Deuteronomio 4,1-2.6-8. En ella vemos como las leyes y los preceptos de los judíos son verdaderamente admirados por los demás pueblos. Y las vivencias que tienen son las de un Dios cercano de verdad a su pueblo. Se vive, de verdad la religiosidad.
Repitamos en nuestro interior varias veces durante el día: "Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?".
La segunda lectura se toma de Santiago 1,17-27. Tiene una palabra clave para la interpretación de la misma y es la palabra "injertar". La palabra de la verdad ha sido injertada en nosotros y nos hace vibrar. Quien nos hace vibrar no es el rito, la ceremonia, sino la verdad que ese rito expresa, verdad que debemos vivir con intensidad. Es necesario vivir el significado de los ritos, profundizar en lo importante, para no quedarse con una piedad hueca, sin profundidad. En la misa hay alguna ceremonia que, sin duda, está cargada de emoción y de significado. Por ejemplo, darse la paz. Si yo le doy la paz a mi esposa y a mis hijos con un beso y lo hago con verdadero amor y cariño expreso lo que más importancia tiene: lo que de verdad nos queremos toda la familia. Pero siempre que sea breve y sencillo. Sin embargo, este mismo gesto puede ser realizado de una forma, más o menos fría. Pero, puede expresar muy bien el cariño entre padres e hijos. O la buena relación entre amigos o vecindad. ¿Y el recuerdo de los difuntos? ¿Los recuerdo y los veo ciertamente ante el amor de Dios? ¿Los veo alegres junto a Dios? ¿Me veo en ellos, en su amor y en su cariño? Y así podría seguir llenando a la misa con pleno significado.
Y ya en el evangelio, se nos presenta la práctica de lavarse las manos antes de comer. En vez de tener un significado religioso expresado con sencillez, a modo de oración para dar gracias a Dios por todo lo que él nos da, los fariseos ponen todo el interés en restregarse las manos una y otra vez, como si el acercarse a Dios dependiese de nuestro esfuerzo puramente humano, cuando en realidad es un fruto del amor que va creciendo en nuestros corazones, que no quieren estar lejos de él. No nos apeguemos a un esfuerzo puramente humano, pues no estamos ante un precepto humano, sino ante un deseo cariñoso de Dios. Es pues necesario echarnos de verdad en los brazos de Dios, confiar en él, y los gestos humanos que debamos hacer, hacerlos con sencillez, porque le verdadero amor, aún el más entregado, es fruto de acciones sencillas que nacen de un profundo amor. En este caso, de amor hacia Dios, amor que va creciendo poco a poco.
Compromiso: resume en una frase cortita algo que te haya gustado. Y si te parece, aplícatela.
