En el evangelio de hoy, o mejor en todas las lecturas, se aprecia la presencia del Señor que nos trae alegría. Hay que aprender a disfrutar con la alegría que viene de Dios y que, a menudo, inunda lo más hondo de nuestra alma. Jeremías 31, 7-9 presenta la primera lectura. A los caminantes asturianos puede hacérseles presente en aquellos requeros que se encuentran, a menudo, a través del camino portando un agua transparente, limpia y muy fresca que nos hace ansiarla de verdad. Cuando, alguna vez, lleguemos a uno de esos remansos de paz que nos brinda la naturaleza, recordemos la presencia de Dios, démosle gracias por todo, por lo bueno y por lo no tan bueno, echémonos en sus brazos y sepamos que Dios siempre será para nosotros un padre bueno. Tendremos el agua fresca, a él mismo, muy cerca de nosotros. El salmo 125 nos dice: "El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres". Repitámoslo varias veces durante el día. La segunda lectura se toma de la carta a los Hebreos 5, 1-6. Nos dice que los sacerdotes son hombres como los demás, llamados por Dios para celebrar el culto y ofrecer dones y sacrificios por los pecados propios y por los de los demás. El sacerdote también está sujeto a la debilidad y peca. El único que no pecó fue Jesús de Nazaret. Y es sacerdote para siempre. Un sacerdote que siempre nos perdona porque es el mismo Dios que nos ama. La lectura del evangelio, Marcos 10, 46-52 es la del ciego Bartineo. Es un hombre que está solo, al borde del camino. No sabemos por qué está solo. Pero, alguna vez habrá oído hablar de Jesús y nada más enterarse de su presencia empieza a llamarlo. Sin duda que tú, alguna vez, has sentido la presencia de Dios en tí o muy cerca de tí. Cuando lo sientas cerca o cuando oigas su voz interior, llámalo como hizo Bartimeo. Aprende a hablar interiormente con Dios. Es una forma de hacer oración. Sin pronunciar palabras. Con el pensamiento, con el corazón. Es muy útil aprender a orar así porque puedes ponerte en la presencia de Dios en cualquier momento. El ciego Bartimeo, como le dijeron que Jesús lo llamaba, soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Así de rápido. !Cualquiera no! El Señor le dice: "Qué quieres que te haga?" Y el ciego contesta: "Que recobre la vista". Y, Jesús, sin pérdida de tiempo le dice: "Anda, tu fe te ha salvado". Al momento, recobró la vista y seguía a Jesús por el camino. Esto es lo que espera a los que viven con fe en Dios. Pero no olvidemos que Dios pondrá nuestra fe a prueba para ver si es auténtica o no. No perder la fe en Dios, confiar en Dios de verdad, es permanecerle siempre fiel, en las verdes y en las maduras. En todo momento. Y dure lo que dure cada situación. Iremos descubriendo a Dios poco a poco y le seremos siempre fieles. Lee esto las veces que necesites. Pero, haz un compromiso.
lunes, 18 de octubre de 2021
miércoles, 13 de octubre de 2021
XXIX Domingo del Tiempo Ordinario. Marcos 10, 35-45. 17/10/2021
Todos en esta vida tenemos una flecha que nos indica la dirección que debemos seguir para alcanzar la meta que Dios nos propone. La dirección nos la va marcando Jesucristo en nuestros corazones, sólo hace falta que estemos atentos en nuestro interior y dejar que Dios se nos vaya manipestando. Mientras tanto, pidamos a Dios que nos ayude y que mueva nuestro corazón. Cada uno de nosotros tendrá que saber si la palabra de Dios ha iluminado su corazón o si acaso le ha dado la espalda. La primera lectura es de Isaías 53, 10-11. Es dura porque nos presenta el mesías triturado con el sufrimiento, entregando su vida como expiración nuestra. Es así como empieza esta lectura. La palabra "triturar" es una palabra muy dura y es la que el autor sagrado escogió para aplicar al redentor. Es muy dura pero es muy expresiva. El salmo 32 nos propone "Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti". Memoricémosla y repitámosla varias veces durante el día. La segunda lectura se toma de la carta a los Hebreos, 4, 14-16. Esta lectura nos presenta a Jesús maravilloso. Su fidelidad ha sido probada, totalmente probada, y además en él no hay ni rastro de pecado. El es nuestro sumo sacerdote ante el trono de la gracia. Precioso nombre: "el trono de la gracia". ¡Todo se nos va a dar gratis por los méritos de Jesús! Seguro. Por eso, comparezcamos confiados, con esa confianza que tiene el que ama a Dios. Y, llegamos al evangelio de hoy. Marcos 10, 35-45. La enseñanza principal de este evangelio se encuentra al final del mismo: "El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, que sea esclavo de todos". Tengamos presente este texto durante toda la semana y pongámoslo en práctica. Creceremos al lado de nuestro sumo sacerdote, Jesucristo. Iremos descubriendo, poco a poco, en nuestros corazones, cómo el amor a Jesús crece de verdad, en nosotros. Permanezcamos en esta actitud, en este proceder, y no desfallezcamos. Y si desfallecemos, volvamos a empezar rápidamente. Si Dios nos concede alguna experiencia santa, recibámosla en nuestro corazón con sencillez, no creamos que somos santos de verdad. Nunca llegaremos a ser como Jesús, que es verdadero amor. Que nos ama de verdad. Que está a nuestro lado. Pero sigamos en esta línea que nos proponemos. Volvamos a empezar, si no queda más remedio, pero nunca la abandonemos. Propósito: Se deduce solo. No hace falta ponerlo aquí. ¡Adelante! Pero con Jesús a nuestro lado.
miércoles, 6 de octubre de 2021
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. 10/10/2021. Marcos 10, 17-30
Las lecturas de este domingo nos ponen ante lo que debe ser la vida de un cristiano, la vida de un seguidor de Cristo. Nos encontramos ante una persona que ama a Dios y desea amarle siempre. La primera lectura, tomada del libro bíblico de la Sabiduría 7, 7-11, nos presenta a un hombre haciendo oración, a un hombre que suplica, a un hombre que ora y va consiguiendo los frutos de la oración. El que ora va consiguiendo sus frutos espirituales cuando Dios considera oportuno. Muchos cristianos consideran que tu rezas y Dios está obligado a concederte. Dios nos ama y nos quiere, pero nosotros no podemos obligarlo a nada. El sabe lo que es mejor a cada uno de nosotros. Al que suplica, en esta lectura, le da el espíritu de sabiduría. La sabiduría que es fruto del amor que Dios nos tiene. La sabiduría que nos mantiene unidos a Dios y que hace que broten de nuestro corazón muchos actos de amor a él. Con el salmo 89, digámosle varias veces durante el día: "Sácianos Señor de tu misericordia y estaremos alegres". La segunda lectura es de la carta a los Hebreos, 4, 12-13. Dos ideas son las que resumen la enseñanza de hoy: "La palabra de Dios es viva y eficaz", expresión del comienzo, y "todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas" que se dice al final. Tengamos siempre presentes estas dos ideas. Es decir, que la palabra de Dios, si lo amamos de verdad, si lo buscamos, si hacemos oración, cada vez sentiremos a Dios más cerca de nosotros y veremos como Dios conoce de verdad todo nuestro interior. En el evangelio, Marcos 10, 17-30, Jesús comienza interrogando a uno que se arrodilla ante él y que le pregunta ¿Maestro bueno, qué debo hacer para heredar la vida eterna? ¡Poquísimas veces llamamos bueno a Dios! Y sin embargo, Jesús contesta al que le pregunta: No hay nadie bueno más que Dios. Tan sólo Dios, Dios del cielo o ese mismo Dios bajo la figura de hombre, es decir, Jesús de Nazaret. El es bueno por excelencia. Los demás quedamos muy lejos. Deberíamos acostumbrarnos a llamar bueno a Dios en la profundidad de su significado. El nos quiere con locura. Con verdadera bondad. Precisamente, pensando en esa infinita bondad de Dios nadie, ningún papa, ningún concilio se atrevió a definir como dogma de fe la eternidad del infierno. ¿Cómo será la eternidad del que no se salve? ¿O, nos salvamos todos? Dios, en su infinita bondad, no nos condena para siempre. No nos tiene sufriendo para siempre. Pero, sea cual sea la solución, seamos fieles a Dios, rectifiquemos nuestro camino. Hemos tocado parte del evangelio de hoy. Dejamos lo demás para otra ocasión.
miércoles, 29 de septiembre de 2021
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario. 03/10/2021. Marcos 10, 2-12
En la primera y tercera lectura de la misa de hoy resalta la institución del matrimonio como obra de Dios. Hoy, quizá más que nunca, conviene tener las ideas muy claras ante una institución como es la del matrimonio cristiano. Lo iremos viendo a través del comentario de las lecturas. El libro del Génesis, 2,18-24 nos presenta la primera. Dios se preocupa del hombre. No desea que se encuentre sólo en esta vida y va a poner remedio a su soledad. Y Dios hace un ser semejante al hombre, hace la mujer. No sabemos como fue, pero lo hace Dios y al final tenemos sobre la tierra a un hombre y una mujer, preparados para la convivencia y para extender la población humana. Lo importante es que de una u otra forma, Dios nos hizo, y con mucho amor. ¿Hizo más hombres y más mujeres a la vez? No lo sabemos. Suponemos que sí. La Biblia lo relata a su modo. Pero, somos obra de Dios que es la principal constatación del relato bíblico. Gracias Dios mío, porque somos obra de tus manos. ¡Somos obra tuya! Repite hoy varias veces con el pensamiento: "Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida". La segunda lectura es de la carta a los Hebreos 2, 9-11. Se refiere a Jesucristo y la gran lección -insuperable lección- que él como hombre fue perfeccionando por el sufrimiento, por el abandono en los brazos de Dios Padre. Si nosotros, en el dolor, en el sufrimiento que a todos llega y no podemos evitarlo, nos echamos en los brazos de Dios y lo llevamos con paciencia, estamos avanzando por el camino de la perfección. Así lo hizo Jesús y nuestro deber es imitarle. Es la gran lección que nos da Jesús de Nazaret. Y llegamos a la tercera lectura, la del evangelio (Marcos, 10, 2-12). Ante esta lectura, Jesús pregunta a los farieseos qué les ha mandado Moisés. Ellos afirman que Moisés les permitió escribir el acta de divorcio y repudiar a su mujer. Jesús contesta que eso fue por la dureza de su corazón. El deseo de Dios es que el hombre y la mujer sean una sola carne. Y por ello hay que luchar. La unión en el matrimonio, ese amor profundo, es maravilloso. Para lograrlo tienen que ser los dos personas de oración, de unión con Dios, pues sólo él hace maravillas. La oración y el amor mutuo hacen verdaderos milagros. Y el matrimonio logrado hasta el final es fruto de un estar junto a Dios, de amarle, y ¡¡¡vuelvo a decir lo mismo!!! Digo lo mismo, sin darme cuenta, porque es la verdad. A menudo se corta rápidamente teniendo a Dios cerca. La experiencia de conductores de almas, junto con las experiencias de la fe, van en esta línea. Los cristianos con nuestra conducta, debemos dar lecciones al mundo de hoy. Propósito: Piensa: ¿Cómo puedo crecer en el amor a Dios? ¿Cómo puedo aumentar la unión con mi cónyuge? Después de pensar, haz un propósito y cúmplelo. Si eres soltero, también queda espacio para tí.
miércoles, 22 de septiembre de 2021
XXVI Domingo del Tiempo Ordinario. Marcos 9, 38-48. 26/09/2021
En este domingo, domina la idea de que ojalá el espíritu del Señor estuviera en el corazón de cada uno de nosotros. Irradiaríamos todo su pensamiento al corazón de los demás. Expresaríamos con nuestras palabras todo lo que Jesús espera de nosotros. Nuestras vivencias serían fruto de las mismas vivencias de Jesús, de Dios hecho hombre. Lo expresa muy bien la primera lectura del día de hoy, Números 11, 25-29. "¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!". Es un resumen perfecto. El Señor nos llama a todos para que expresemos su palabra, la palabra de Dios. Lo que él quiere y a lo que nos invita. ¿No estamos preparados para extender el reino de Dios? ¿No tenemos contacto con él en lo más íntimo de nuestro corazón? ¿No sabemos hacer oración con el pensamiento? ¿Sólo sabemos repetir oraciones ya hechas por otros? Debemos animarnos a tener nuestra propia vida interior y que broten palabras desde nuestro corazón. Repitamos durante el día: "Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón". Se toma del salmo 18. La segunda lectura es de Santiago 5, 1-6. Los que han nacido en una aldea conocen muy bien el día de la matanza. Con este ejemplo que se pone al final de la lectura ya está todo expresado. Y todo el metal de la moneda oxidado. Es el fruto de haber explotado al inocente, que sea por las malas, pero convirtámonos, no esperemos a que llegue el día de la matanza del cerdo para comer durante el año. El evangelio de hoy se toma de San Marcos 9, 38-48. A uno que echa los demonios en nombre de Jesús, se le quiere impedir, porque no pertenece al grupo de los apóstoles. Es como si hoy se tratara de impedir a uno que no es sacerdote hablar de Dios, de Jesús de Nazaret. El que vive de Dios, puede hablar de Dios y llevar las almas a Dios. Puede hacerlo cualquier cristiano que viva su fe. Y hay que animar a muchos cristianos a que lo hagan así. Si todos habláramos entusiasmados de nuestra fe, nuestras vivencias se translucirían en nuestras caras, en nuestro interior y en nuestro exterior. Si esto lo entendemos de verdad y nos decidimos a ponerlo en práctica, habremos dado un verdadero paso en nuestra vida de cristianos. Propósito: hoy sí es necesario hacerlo. Pero, debes hacerlo tú, desprendiéndose de algo de este comentario.
