El evangelio de hoy comienza afirmando que su autor, según escribe al Excelentísimo Teófilo, se decide a escribir los hechos ocurridos, entre ellos, sobre Jesús. Lo comprueba todo y lo escribe para que Teófilo conozca la solidez de las enseñanzas que recibió. Afirma, el autor de este evangelio que, ya antes que él, también otros emprendieron la tarea de componer un relato de los mismos hechos, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra.
La primitiva Iglesia identifica al educado y elegante historiador de este evangelio como el mismo Lucas, que escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. Afirma que fue compañero de viaje de Pablo, incluyendo las enseñanzas de este. Su evangelio está dirigido a los gentiles de habla griega. Fue escrito a los treinta y tantos años después de la muerte de Jesús. Pero, según la costumbre judía, los seguidores de Jesús podrían, incluso, haber tomado notas de sus palabras y hechos en el período anterior a la creación de los relatos de los evangelios. Todo igual a como podemos hacerlo hoy.
La fe tiene una base histórica. Como ya vemos en la cabecera de este comentario, el evangelio de la misa de hoy consta de dos partes, una del capítulo primero y la otra del cuarto. En ésta se habla de la actividad de Jesús enseñando en las sinagogas.
En Palestina se han descubierto las ruinas de más de cien sinagogas especialmente en Galilea y alrededor de esta ciudad. Galilea había sido mayoritariamente pagana, pero gracias a las sinagogas el judaísmo revivió en ella. El tipo de sinagoga que Jesús debió conocer, es rectangular con gradas de piedra alrededor de los muros y un espacio central donde se leían y exponían las Escrituras o Biblia de los judíos.
En las sinagogas de Galilea se origina la fama de Jesús por toda la comarca y es en la de Nazaret, donde se había criado, donde un sábado - día festivo para los judíos - se pone en pie para pedir leer. Le entregan el libro de la Biblia llamado del profeta Isaías y, desenrollándolo, lee aquel pasaje que comienza afirmando: "El Espíritu del Señor está sobre mí...." Enrollando el libro, lo devuelve al que le ayudaba y se sienta. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. El les dijo: "Hoy se cumple esto que acabáis de oir".
Volvemos a decir que nuestra fe en Jesús, al mismo tiempo que es obra del Espíritu que había en nosotros, tiene una base histórica. Jesús vivió en este mundo, nos enseñó el modo de vida que Dios quiere para nosotros y vive junto al Padre. Jesús sigue vivo para nosotros que hemos creído y nos vivifica por la donación del Espíritu.
Compromiso:
aficionarme a leer los evangelios o algún libro serio sobre Jesús.
martes, 19 de enero de 2010
Domingo III del Tiempo Ordinario. 24-1-2010. Lucas, 1,1-4 y 4,14-21
miércoles, 13 de enero de 2010
Domingo II del Tiempo Ordinario. 17/01/2010. San Juan, 2,1-11
Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea. Esta boda se celebra al tercer día después de lo último relatado en este evangelio, de forma que la boda sucede al día sexto. El primer día hace Juan el Bautista una declaración sobre Jesús. El segundo pronuncia una solemmne declaración. En el tercero, se adhieren a Jesús los primeros discípulos. El cuarto día, Jesús sale para Galilea, llama a Felipe y se encuentra con Natanael. Y al tercer día, esto es, dos más tarde, suceden las bodas de Caná, es decir, al día sexto del comienzo de las dataciones del evangelio de Juan. Este es un dato muy importante porque también, en la creación, el hombre es creado al sexto día. Jesús, ahora, va a crear al nuevo hombre, en el que va a habitar el Espíritu de Dios, y al que experimentará en su corazón por el amor.
En la boda de hoy, la madre de Jesús no aparece con nombre propio. Ella no llama hijo a Jesús y este tampoco la llama madre. Esta le dice: "no tienen vino". No se dirige al jefe del banquete, que es responsable de la carencia de vino. El no tiene esperanza en el Mesías y por lo tanto no puede solucionarlo. La boda es símbolo de la alianza entre Dios y los hombres y el vino, según el Cantar de los Cantares, es símbolo del amor. Por lo tanto, en esa alianza hay amor, pero no es el gran amor que Jesús trajo a nuestros corazones. Se necesita un nuevo vino. El viejo ya no es capaz de animar más el amor.
Jesús contesta a su madre: "Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora". En aquella época un hijo jamás se dirige a su madre llamándola mujer. Sin embargo, mujer sí puede designar a una casada o esposa. Jesús usa el término mujer para dirigirse a su madre, a la samaritana y a María Magdalena. Las tres se conciben como esposas de diversas comunidades. María, su madre, es la esposa de la comunidad judía que espera de verdad al Mesías. Y, aquí, Jesús pone el vino en conexión con su hora, con sus padecimientos. El vino adquiere un carácter simbólico, al igual que toda la boda.
Las tinajas de piedra son prácticamente inamovibles. Destinadas a la purificación, este era un concepto que dominaba la antigua Ley. A través de ésta, no se percibe el amor que Dios nos tiene. Las tinajas son seis, no siete. Este es el número perfecto. Seis indica la ineficacia de aquella purificación. El agua, se convierte en vino fuera de dichas tinajas pues el mayordomo prueba el "agua" que se convierte en "vino" fuera de las mismas.
La vida del Espíritu, la vida de Dios en nosotros, el nuevo vino, el vino del verdadero amor es el vino que nos trae Jesús, representado en el relato literario de las bodas de Caná.
Aquí, la madre de Jesús se contrapone al mayordomo. Ella es la esposa del Israel que reconoce al Mesías. El mayordomo representa a los que no saben apreciar la novedad del regalo del Espíritu que nos trae Jesús.
Este evangelio de hoy termina diciendo que en Caná comenzó Jesús sus signos, manifestó su gloria y los discípulos le dieron su adhesión.
Propósito:
Que las circunstancias de la vida nos sirvan para aumentar nuestra adhesión a Jesús. Y que el vino nos recuerde el amor que Dios nos tiene.
jueves, 7 de enero de 2010
Bautismo del Señor. 10/01/2010. Lucas 3, 15-16 y 21-22
El bautismo de Jesús es un dato muy seguro de la vida de Jesús y sucede en torno al año 28. Este bautismo plantea, sobre todo, dos problemas. Si Jesús acepta ser bautizado ¿no es Jesús inferior a quién lo bautiza? Y, si los que van a bautizarse al Jordán lo hacen para pedir perdón de sus pecados, ¿no es también Jesús un pecador? En este sentido, se debe aclarar que en el bautismo proclamado por Juan se pedía también perdón por los pecados del pueblo, como tal pueblo. La gente se comprometía a procurar en todo un cambio radical. Se pedía una conversión de todo el pueblo como colectividad y en el bautismo había un compromiso para ello. Esta es la razón por la que Jesús, que crecía en edad, y sabiduría, va perfilando en el río Jordán las grandes líneas de su misión. Jesús asume este bautismo como signo y compromiso de un cambio radical. De sus noches de oración en el desierto del Jordán, Jesús guarda probablemente el recuerdo en la costubre que tenía de retirarse de noche a un lugar solitario para comunicarse con Dios. Es un hecho histórico.
Hoy se reconoce que su bautismo es la ocasión en que el propio Jesús se hace consciente de su misión.
Sin embargo, el propio Bautista reconoce su inferioridad frente a Jesús cuando declara que no es digno de desatarle la correa de sus sandalias. Desatar las sandalias significaba que el desatado perdía todos sus derechos y los recibía el que desataba. Aquí, el Bautista no se juzga digno de recibir la misión propia de Jesús.
Jesús va a bautizar en Espíritu y fuego. Esto es un dato de primera categoría para los que nos hemos adherido a Jesús y mantenemos un contacto personal con él. Vivimos del Espíritu. No en vano el teólogo Danielon afirmaba que la fe está basada en un contacto personal con Cristo. Y, esto es una realidad, fruto del Espíritu. El Espíritu nos da una vida propia de los creyentes. Sólo estos la sienten, la comprenden y la viven. Y, por esta razón, podemos conocer esta vida en los demás. Si no tenemos estas vivencias, se nos escapa lo que es la vida del Espíritu y no podemos comprender a los que la tienen aunque, a veces, los envidiemos.
Cuando Jesús se bautiza y está orando se abre el cielo, baja el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma y viene una voz del cielo que dice: "Tú eres mi Hijo, el amado, el pedilecto". La paloma es un símbolo cristiano que representa al Espíritu. Jesús es proclamado el Hijo de Dios.
Compromiso:
Después de esta lectura, haz tu propio compromiso.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Domingo II de Navidad. 03/01/2010. Juan 1,1-18
El evangelio de hoy comienza con la expresión: "En el principio", y así comienza también el primer libro de la Biblia, el Génesis, donde se relata la obra de la creación. Esta es una de las claves para interpretar el evangelio de Juan. Jesucristo vino a culminar la creación derramando sobre nosotros la vida del Espíritu. La sabiduría de Dios estaba desde el principio junto a Dios, es más, siendo el pensamiento, o proyectos de Dios, era Dios mismo. La sabiduría, en el evangelio, es lo que llamamos "Palabra". Así que "Palabra", como dice este evangelio, es la sabiduría o proyectos que Dios tiene, en este caso, sus proyectos sobre el hombre. Es, según la correspondiente palabra hebrea, Dios actuando en la historia.
Otro principio para entender a Juan es que, desde el principio, opone la "Palabra" o proyecto de Dios a las palabras de la Ley promulgada por Moisés. Así, el versículo 4 dice: "..., y la vida era la luz de los hombres". Para los judíos, la Ley de Moisés era la luz de los hombres. Ahora, en el proyecto de Dios, la vida del hombre que él produjo es la propia luz del hombre. La verdad es la vida misma en cuanto es fuente de experiencias y formulaciones. Juan pretende mostrar a sus lectores la experiencia de vida suya y de toda su comunidad. Las personas llevamos dentro de nosotros un deseo tal de plenitud que nos invita a realizarnos y a querer ser felices para siempre. Lo que se conoce es la vida misma con sus experiencias y, en concreto, las experiencias de una vida cristiana de adhesión a Jesús de Nazaret nos iluminan con un resplandor muy peculiar. No nos iluminan las leyes del código eclesiástico, como no lo hacen las leyes de Moisés. Nos ilumina nuestra pertenencia a Jesús que nos da las experiencias del Espíritu que habita en nosotros. Si somos del Espíritu viviremos conforme al orden divino de amor a Dios y a las personas. No viviremos sometidos a la ley, sino al Espíritu de Jesús que nos da una gran libertad.
En resumen, el proyecto creador de Dios es que la persona humana alcance la plenitud de vida, la vida divina.
El versículo 12 afirma que a cuantos reciben la luz de que hablamos "los hace capaces de ser hijos de Dios", "si mantienen" la adhesión a su persona. Si realizamos sus propias acciones. Por ello, el único mandamiento definitivo de Jesús es que nos amemos unos a otros como Dios nos ama.
En el mismo versículo 12, no pide Juan la adhesión a una ideología ni a una verdad revelada, sino a una persona, Jesús, en cuanto es modelo y dador de la vida que Dios ofrece a la humanidad.
Se termina afirmando que "hemos contemplado su gloria". Ya no hay distancia entre Dios y el hombre. En el contexto bíblico del Exodo, la gloria de Dios es su propia luz que nos guía durante la vida. Es la experiencia cristiana y da sentido a nuestra vida.
Compromiso práctico:
Examinar mi propia vida y analizar: ¿tengo deseos de vivir para siempre?, ¿mi corazón desea una felicidad sin límites y plenamente vivida?, ¿reconozco que con mis propias fuerzas nunca podré hacer realidad tales deseos?, ¿tengo experiencia de Dios en lo íntimo de mi ser?, ¿sé lo que es la adhesión a Jesús de Nazaret y experimentar su presencia?.
martes, 22 de diciembre de 2009
Solemnidad de la Sagrada Familia. 27/12/209. Lucas 2,41-52
Cuando Jesús cumple doce años sube con sus padres a Jerusalén a las fiestas de la Pascua judía. Esta era la fiesta más popular y con este motivo acudía a Jerusalén una gran cantidad de peregrinos, hasta el punto que se estima por los investigadores que la población normal de Jerusalén, que no superaba los treinta mil habitantes, crecía alrededor de cuatro veces más. Con este motivo, y para guardar el orden, el prefecto romano se hacía presente en la cuidad.
La observancia de la pascua judía constaba de dos partes: primeramente las familias hacían el sacrificio del cordero pascual en el Templo y, luego, lo consumían en una comida hogareña que tenía que celebrarse en Jerusalén. Cuando los evangelios hablan de la Pascua sólo se refieren a esta segunda parte o ágape y se mueven dentro de las costumbres de la época. Los que participaban en dicha comida no se sentaban en sillas como se expresa en muchísimas pinturas a través de la historia. En vez de sentarse, se reclinaban sobre cojines y así comían la Pascua.
De las tradiciones que existían sobre la infancia de Jesús, el evangelista Lucas seleccionó la del evangelio de hoy. Jesús tiene tan sólo doce años y por lo tanto aún no tiene la madurez religiosa que se alcanzaba a los trece, convirtiéndose entonces en "hijo del precepto".
El muchacho, Jesús, se pierde durante la visita al Templo de Jerusalén para celebrar la Pascua, los padres, pensando tal vez que va con alguno de los familiares, tardan en darse cuenta de que está perdido. Dan la vuelta y lo encuentran en debate con los maestros religiosos del Templo. En algunas estancias del mismo, los maestros o rabinos se reunían para impartir sus enseñanzas, de igual forma que hizo Jesús en algunas ocasiones, así como también los Apóstoles, según afirma el mismo Lucas en los Hechos de los Apóstoles.
Lucas nos presenta a Jesús antes de cumplir los trece años, es decir, cuando todavía no ha asumido las obligaciones religiosas de un varón judío. Por lo que se ve, Lucas presenta a Jesús todavía menor, como sumamente entendido en materias religiosas, de forma que asombraba a los mayores. Es la primera vez en que Jesús, hablando con su madre María después de haberlo encontrado, menciona a Dios como su Padre. "¿Por qué me buscabais? ¿no sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" Pero, los padres de Jesús no entendieron nada. ¡¡Con el disgusto que debían tener encima!!
A Lucas le parece todo esto un poco fuerte y trata de equilibrarlo afirmando que era un niño modelo, pues estaba sumiso a sus padres, e iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
Jesús empieza a tener conciencia de Dios como su propio Padre. Pero, ¿cómo crecía en relación a conocimientos? Se estima que no sobrepasaba el 3% los alfabetizados en Palestina. La gente de pueblos tan pequeños como Nazaret no tenía ni libretas ni libros en sus casas y no sabemos si Jesús aprendió a leer y escribir. Pero, según se desprende de los evangelios, tenía un talento natural que podía compensar el bajo nivel de su formación cultural. Jesús no asistió a ninguna escuela de escribas, ni fue discípulo de ningún maestro, y no citará literalmente casi ningún texto de las Sagradas Escrituras. Pero fue de un talento natural extraordinario. ¡Y Jesús crecía en sabiduría!
Propósito:
Tomemos cada vez una mayor conciencia de que Dios nos ama y es padre de todos. Y no nos avergoncemos de hablar de Dios, nuestro padre.
