Después del suceso en el templo, en el que Marcos dice que Jesús derribó las mesas de cambistas y vendedores, este sabe que sus horas están contadas. De ello se encargarán el sumo sacerdote, los demás sacerdotes y los soldados y policía romana. Era una actuación demasiado subversiva y Jesús debía ser eliminado. Pero él no piensa en ocultarse. Es más, organiza una cena de despedida con sus amigos y amigas. Dándose cuenta de lo inmediato de su muerte, va a compartir con ellos la confianza total en su Padre Dios.
Para Marcos, Mateo y Lucas, esta cena es la de la Pascua judía. Sin embargo, el evangelio de Juan dice que Jesús fue crucificado la víspera de Pascua y, por tanto, esta cena de Jesús tuvo que ser antes. Además, Pablo no habla para nada de una cena pascual. Hoy, generalmente, los investigadores no afirman que la última cena de Jesús haya sido una cena pascual judía. Sea como fuere, nadie duda de la historicidad de esta última cena de Jesús. Las diferencias entre un relato y otro se deben a que, en cada una de las comunidades cristianas primitivas, pueden recordarla y celebrarla con textos litúrgicos diferentes, según su deseo y memoria.
Conforme al evangelio de hoy, en esta cena todos estuvieron recostados en divanes, como se acostumbraba en las celebraciones, para tener una sobremesa tranquila. Cuando se habla de los discípulos, no podemos excluir la presencia además de los Doce, de otros discípulos y discípulas que vinieron con él, juntos, en peregrinación. Debió de ser maravillosa esta última cena, viviendo el profundo amor de Jesús al Padre, echándose en sus brazos ante la negrura y oscuridad de la muerte que sabe le espera. ¡De qué cosas tan sublimes hablarían! ¿Cómo sería aquella sobremesa, que seguro que estuvo animada por la paz interior y la serenidad que Jesús habrá sabido imponer para no amargarles la fiesta, aunque la situación era sumamente grave?
Siguiendo la costumbre judía, al empezar la comida, Jesús se pone de pie, coge en sus manos pan y, en nombre de todos, bendice a Dios, a lo que todos responden "amén". Luego rompe el pan y da un trozo a cada uno. En varias ocasiones hizo Jesús esto mismo, sin lugar a duda. Esta costumbre significa que Jesús les hace llegar la bendición de Dios. ¡Cómo debía impresionar cuando comía con recaudadores, pecadores y prostitutas! Al recibir el pan, se sentían unidos entre sí y con Dios. Pero, esta vez Jesús añade: "Esto es mi cuerpo". Entre los judíos, el cuerpo es la persona y, por eso, es como si dijera: "Yo soy este pan".
Para el final de un banquete o comida, según se acostumbraba, el que preside la mesa, coge con su mano derecha una copa de vino y, manteniéndola a un palmo sobre la mesa, pronuncia sobre ella una acción de gracias y todos responden "amén". El presidente inicia el beber y le siguen los demás, cada uno con su propia copa. Pero Jesús, esta noche, lo realiza de manera distinta. Invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de su misma copa. Les dice: "Esta es mi sangre..."
La última cena de Jesús es una gran acción sacramental.
Práctica:
En nuestras celebraciones eucarísticas vivamos el amor que Dios nos tiene y, a pesar de nuestros pecados y miserias, sintámonos unidos a Él y dispuestos a vernos todos como hermanos, ayudándonos unos a otros.
martes, 9 de junio de 2009
Domingo del Cuerpo y Sangre de Cristo. 14/06/2009.Marcos 14,12-16, 22-26
miércoles, 3 de junio de 2009
Domingo de la Santísima Trinidad. 07/06/2009. Mateo 28,16-20
Hoy, se habla de los "once discípulos", no de los doce ni de apóstoles. Son once porque no se mencioa a Judas el traidor. En Mateo, 10,1, se dice: "sus doce discípulos" como si no hubiese más discípulos que siguiesen a Jesús. En Mateo, 10,2, sin embargo, se llaman apóstoles, pero sólo aquí en Mateo, como excepción, porque la misión es propia de todo discípulo de Jesús. Todos estamos llamados a extender el reino de Dios. Además, el número 12 es un número simbólico que representa a las doce tribus de Israel. Los 12 es un símbolo de todos los discípulos de Jesús sea cual sea su número. Es el nuevo Israel.
Ahora, como Israel rechazó al Mesías, la misión se dirige fundamentalmente a los paganos. Y Galilea es un buen punto de arranque para ello, por estar limítrofe a naciones paganas.
Los discípulos han de ir a un determinado monte de Galileo. El monte representa, entre los judíos, la esfera divina, el lugar donde se manifiesta Dios. Por esta razón, los discípulos se postran ante Jesús, porque sienten la presencia de la Divinidad, de Jesús como Hijo de Dios. Sin duda, este pasaje está en relación con la transfiguración y los discípulos dudan porque no tienen la fe suficiente para asumir el destino de extender el reino de Jesús. Según Mateo, es la primera vez que tienen experiencia de Jesús resucitado y, por lo mismo, es lógico que duden. Sabiendo, además, que puede costarles la vida (hasta aquí, los versículos 16 y 17).
Desde el cielo, la autoridad de Jesús no tiene límites (v. 18). La misión que Jesús da a los suyos es la de hacer discípulos, para que los hombres sigan las enseñanzas.
Para ello, el primer medio es bautizar a los que se hagan discípulos. El bautismo con agua es signo de arrepentimiento y enmienda. El bautismo con Espíritu, que conlleva el mandado por Jesús, vincula con el Padre, el Hijo y el mismo Espíritu.
Según el original griego, bautizar "en el nombre de" significa bautizar para alguien, es decir, para consagrar a los discípulos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. En concreto, el discípulo queda vinculado al Espíritu, que lo pone en la línea de Jesús. Mateo, que tiene una fuerte tradición judía, incluye probablemente en el encargo de bautizar, los dos bautismos, el de agua que damos los discípulos, y el del Espíritu, que es obra de Jesús (v.v. 18 y 19).
Además, a los discípulos hay que animarlos a guardar, a practicar todo lo enseñado, mejor aún, mandado por Jesús. Y la única vez que, en Mateo, aparece algo mandado por Jesús, sin referirse a mandamientos del Antiguo Testamento, es en 5,19 al hablar de las bienaventuranzas. Estas son, pues, la nueva ley que nos trae Jesús y la que manda enseñar.
Para todo ello, Jesús está con nosotros hasta el final del mundo (v.20).
martes, 26 de mayo de 2009
Domingo de Pascua de Pentecostés. 31/05/2009. Juan, 15,26-27 y 16,12-15.
Jesús dará a los discípulos, no sólo a los apóstoles, un defensor que es el Espíritu de la verdad, y su misión es dar testimonio a favor de Jesús. La palabra "Espíritu" significa aliento o viento. Referido a Dios, es su vida y su fuerza. Y, por ser vida y fuerza de Dios, es la verdad, es el Espíritu de la verdad.
Dará testimonio dentro de la comunidad de creyentes para asegurarles en la verdad del mensaje y en cómo deben actuar. El Espíritu, que procede de Dios, produce una experiencia interior en los cristianos y les consolida en su postura de testimonio y de acción. Debe considerarse que el Padre que nos envía el Espíritu no es sólo el Padre de Jesús, sino el Padre, el Padre de todos. El Esíritu es la experiencia real y verdadera de Dios en nosotros. Es una experiencia y vivencia divinas, producto de la voluntad de Dios. Por eso mismo, nosotros damos también testimonio (v.v. 26 y 27). Si estamos con Jesús el Espíritu de la verdad está en nosotros y viceversa.
Para entender lo que sigue, debemos darnos cuenta de que los discípulos aún no saben cómo va a morir Jesús, ni podrían comprender el por qué de esa muerte (v. 12). Es el Espíritu el que les irá haciendo entender todo ello, incluída su resurrección o exaltación. No se trata de comunicar una doctrina nueva, sino de hacer comprender toda la realidad sobre Jesús. Todas las verdades religiosas cristianas están contenidas en la Palabra de Dios. Esto está de acuerdo con un buen estudio del Vaticano II y Trento.
Lucas en los Hechos de los Apóstoles, y el evangelio de Juan son los únicos que hablan del regalo del Espíritu a los discípulos. Para Lucas, el descenso del Espíritu es un suceso público; sin embargo, en Juan, los discípulos recibirán el Espíritu privadamente, aunque forzosamente tendrá una transcendencia pública. Las circunstancias en el mundo cambian y el Espíritu nos hará ir haciendo lo conveniente en cada caso, para lograr una mayor y mejor adhesión a Jesús. Es comprender los "signos de los tiempos" a la luz del evangelio. Hemos de estar abiertos a la vida y a la historia y a la voz del Espíritu de Jesús que nos las interpreta, y nos indica cómo debemos ir evolucionando en cada circunstancia, permaneciendo siempre adheridos a Jesús (v. 13).
El Espíritu tomará de Jesús lo que nos haya de comunicar. Pero, Jesús es todo amor. A esto se reducen sus mandamientos. Es lo que nos pone en comunicación a unos con otros, en sintonía con Jesús y a través de la historia (v.v. 14-15).
Aplicación:
Existe una fuerte tensión entre el evangelio de hoy y Vaticano II por una parte, y Ratzinger con H. Urs Von Balthasar por otra. Este último es uno de los primeros teólogos que proclama una lectura involutiva del Vaticano II. Para él, la "Gaudium et Spes" del concilio rezuma un optimismo ingenuo con relación al mundo, al que le da tanta importancia en el misterio de la salvación. Por ello, se ponen trabas a la recepción conciliar. Entre Ratzinger y H. U. Von Balthasar hay una cierta sintonía. ¿Existe en nuestra iglesia católica una oposición al Vaticano II? Sería triste, pero ahí queda la reflexión. No se olvide, por ejemplo, la teología de la liberación.
Compromiso:
Informarme en lo que concierne a la puesta en práctica del Concilio Vaticano II. Estudiar sus documentos.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Domingo de la Ascensión del Señor. 24/05/2009. Marcos 16, 15-20
A menudo, es conveniente realizar un estudio erudito del texto evangélico, además de meditar o reflexionar sobre las enseñanzas religiosas del mismo. Los cristianos tenemos derecho a ser instruidos, también, en aspectos que nos proporcionen una mejor formación cultural religiosa.
Respecto al evangelio de Marcos, los entendidos afirman que dicho evangelio terminaba originalemente con el anuncio de la resurrección de Jesús (cap.16, vers.7-8), donde un ser angelical anuncia que Jesús ha resucitado y ordena a las tres mujeres, que habían ido a la tumba, que dijeran a los discípulos que los esperaba en Galilea. Las mujeres, muertas de miedo, no decían nada a nadie. Así terminaría el evangelio original de Marcos, sin que aparezca nada de las apariciones de Jesús resucitado ni su ascensión a los cielos. Estas cosas fueron añadidas después.
Los primeros cristianos, viendo que el evangelio de Marcos carecía de las apariciones relatadas por los demás evangelistas - Mateo, Lucas, Juan- trataron de resumirlas y se las añadieron. Pudo ser que Marcos haya muerto antes de terminar su evangelio o que se haya perdido algún trozo del mismo.
Propiamente, la ascensión del Señor Jesús se narra en los Hechos de los Apóstoles y en los evangelios de Lucas y Marcos. El objetivo especial de la narración de la Ascensión es aclarar que se terminan las apariciones pascuales de Jesús. Ya no volveremos a verlo hasta la segunda venida.
A parte de estas sencillas manifestaciones de la marcha de Jesús de este mundo, el nuevo Testamento expresa lo mismo hablando de la "Exaltación de Jesús". Después de los sufrimientos de la Pasión y muerte del Señor, es revestido por Dios con una autoridad suprema sobre el mundo. Puede consultarse Filipenses 2,6-11; Hebreos 1,3-4; Efesios 1,20-22; 2,4-6. Todo ello se consigue porque Jesús es llevado al reino de los cielos (Ascensión) y se sienta a la diestra de Dios Padre. Con ello, Jesús vuelve al estado divino que tenía antes de su encarnación.
No podemos conocer las verdaderas experiencias místicas de los primeros cristianos, pero el Espíritu les dió tales vivencias, tal fe en la realidad viva de Jesús, tal conmoción y a la vez serenidad religiosa, que se vieron fuertemente impulsados a la proclamación de Jesús resucitado. Aquel "id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación" fue un "dicho y hecho". Los cristianos ardían en manifestar a los demás lo que vivían por dentro. Y los nuevos creyentes debían bautizarse. Debían manifestar también sus nuevas experiencias de Jesús, el verdadero cambio que se daba en sus vidas. Todos tenemos experiencias de Dios. Qué pena que no reflexionemos sobre ellas y que no se predique más sobre las mismas.
Los poderes especiales que se dice poseerán los creyentes, son una expresión real o metafórica de las experiencias de la iglesia primitiva.
Aplicación práctica:
Reflexiona sobre tus vivencias espirituales y tus encuentros con el Señor. Recuérdalos sin regodearte en ellos. Agradécelo al Señor una y otra vez y dale gracias. No te los atribuyas a tí, como un mérito tuyo. Son un regalo de Dios.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Domingo VI de Pascua. 17/05/2009. Evangelio de Juan 15, 9-17
En el evangelio del domingo anterior se expresaba la unión a Jesús con el ejemplo de la vid y los sarmientos. Ahora la adhesión al Señor Jesús se manifiesta en el amor mutuo. El evangelista Juan nos anuncia lo que sucederá después de la muerte y resurrección de Jesús. Debemos permanecer en el amor que él sembró en nuestros corazones, y ese amor vivo nos hará conocer la verdad que habita en nosotros por la misericordia divina. La vida interior de Dios no se conoce por los razonamientos, sino por la mismaa vida que él nos comunica. Por eso nos dice que permanezcamos en su amor (v.9). Si nos quedamos con Jesús, él se queda con nosotros y daremos fruto (v.4).
Si guardamos sus mandamientos permanecemos en su amor, nos dice Jesús. Pero, en Juan, el plural "mandamientos" se refiere a lo que se trabaja por la persona humana realizando las obras de Dios. Aquí, no se trata de los diez mandamientos de la ley antigua, sino del mandamiento del amor que implantó Jesús y que tiene múltiples aplicaciones. Y, sólamente la entrega a los demás nos puede dar la certeza de que Dios nos ama y de que nuestra experiencia interior es cierta. Pero, lógicamente, el amor a unos no debe destruir el amor a otros; además, el amor de por sí, conlleva mutua correpondencia. Aunque, también es verdad que el amor es paciente. Si permanecemos en el amor verdadero, de una u otra forma, siempre habrá fruto.
Cuando realizamos obras de amor, se produce en nosotros la experiencia del amor, de la alegría. Es la experiencia de Dios en nosotros (v.11).
La comunidad de Jesús existe donde los unos aman a los otros, donde existe el amor mutuo (v.12). Sin ese amor correspondido, de los unos a los otros y que irradie hacia los demás, no se puede predicar el evangelio de Jesús. Es imposible.
El dar la vida por un amigo es una forma de expresar el amor sincero y verdadero que debemos demostrar unos a otros. La adhesión a Jesús se expresa con el mandamiento del amor (v.14).
En otro momento (cap. 13,13s), Jesús se decía nuestro maestro y Señor. Ahora, nos llama amigos (v.15), y después, nos llamará sus hermanos (20,17). Nuestra relación con Jesús debe ser pues, de amigo de verdad a amigo de verdad, o de hermano a hermano. Con la amistad verdadera se pueden aprender muchas cosas. Se puede aprender sin enseñanza, por sintonía de amigo y comunión con él. Eso, en nuestro caso es fruto del Espíritu que Jesús nos dió y que nos transmite determinadas experiencias (v.15).
Nos dice Jesús que debeos ir, producir fruto y que este dure (v.16). No podemos ser comunidad cerrada. Y nuestra eficacia no se mide tanto por la extensión, sino por la profundidad, para que dure. Si realmente trabajamos en esta dirección lo que pidamos al Padre en unión con Jesús se nos concederá y la misión seguirá adelante (v.16). Pero no olvidemos la fuerza de la repetición: "Esto os mando: que os améis unos a otros" (v.17).
Práctica:
Sin negar la necesidad de un servicio de dirección en la comunidad de los amigos y hermanos de Jesús, podemos preguntarnos: ¿Cómo se puede compaginar la gran jerarcología de nuestra iglesia católica con el evangelio de hoy y el de todos los domingos? Piénsalo por tu cuenta.
Pronto empezaré una pequeña sección de teología, sobre todo teniendo en cuenta el gran cerrojazo dado al Concilio Vaticano II. Estate alerta a un enlace que aparecerá próximamente en el margen.

