En este evangelio se saltan los versículos 44 y 46 porque los críticos no los consideran propios del escritor Marcos.
Los v.v. 38, 39 y 40 tocan aspectos muy importantes para el ecumenismo, tema de gran actualidad . Juan, el autoritario, el Trueno (Marcos, 3,17), se hace aquí portavoz de los Doce. Esta vez no es Pedro el que habla en nombre de Jesús y han querido impedírselo porque no pertenecía al grupo.
Expulsar demonios, en el evangelio, significa liberar de los fanatismos violentos, de las ideologías que impiden la convivencia humana. El seguidor cristiano está vinculado a Jesús sin intermediarios, pero Juan exige la identificación con la postura de los Doce. Sin embargo, estos no están siguiendo a Jesús ya que no fueron capaces de expulsar el espíritu mudo (Marcos, 9,28). ¿Habrá algún problema de este tipo en la primitiva comunidad cristiana? Algunos opinan que sí. Los Doce intentan monopolizar a Jesús. Pero, ante Jesús, somos todos iguales. El primero ha de ser el último, sin rodeos. De la persona que expulsa demonios, Jesús ordena que no se le impida y afirma que lo hace como si fuera él mismo y que, por lo tanto, no puede hablar mal de él (vv.38-39).
El versículo 40 afirma algo muy interesante para una "teología católica" universal: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro (v.40)". Y esto, aunque no se profese seguidor de Jesús.
Juan había interrumpido a Jesús para decirle lo del que expulsaba demonios en su nombre. Ahora, Jesús continúa la enseñanza.
Ser del Mesías, seguirlo, implica presentarse como el último y servidor de todos. los que así hacen son de verdad del Mesías, y todo aquel que los acoja y se solidarice con ellos será recompensado (v.41). Pero, ¡ay de aquel que escandalice a alguno de los que se adhieren a Jesús!. Se refiere el texto, por indicios anteriores, a los cristianos que no proceden del judaísmo, es decir, que no son del grupo de los Doce. Al constatar aquellos que no existe la igualdad predicada por Jesús y que algunos quieren ponerse por encima, y dominar a los demás, quedan escandalizados y decepcionados pensando que el mensaje de Jesús se queda en palabras bonitas, pero sin contenido práctico (v.42).
El versículo 43 afirma que más vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al infierno, al fuego que no se apaga. Aquí y en los versículos 45 y 47-48 se usa un lenguaje figurado.
El evangelio de hoy nos habla del infierno, según la traducción del misal. Sería mejor hablar del quemadero. En efecto, se trata de un valle situado al oeste de Jerusalén y en el que se ofrecían sacrificios de niños a Moloc. Después, fue el lugar donde se quemaban las basuras. A partir de algo más de cien años antes de Cristo empezó a simbolizar el lugar de castigo al final del mundo. Después de la resurrección, alma y cuerpo serían aniquilados por el fuego eterno.
Vale más entrar en la vida manco o cojo o ciego que ser arrojado al quemadero, como una basura, y donde el fuego no se apaga. No describe aquí un tormento eterno, sino una destrucción total que, al impedir la resurrección se convierte en muerte definitiva.
Práctica:
Reconocer que existen obras buenas realizadas no sólo por cristianos, sean católicos, ortodoxos, anglicanos o evangélicos, sino también por personas de diferente signo.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. 27/09/2009. Marcos 9,38-43.45.47-48
martes, 15 de septiembre de 2009
Domingo XXV del Tiempo Ordinario. 20/09/2009. Marcos 9,30-37
En este evangelio, Jesús se dedica a formar a sus discípulos y no desea que la gente pueda interrumpir esta labor. Por esta razón, atraviesa Galilea de incógnito, procurando que nadie se entere. Jesús vuelve a hacer un anuncio de su muerte y resurrección algo distinto al que había hecho en el capítulo 8, versículo 31. Ahora no vincula su pasión al pueblo judío y no alude a las Escrituras o Antiguo Testamento. Jesús está hablando a paganos y no a judíos. Les dice que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de hombres. El Hijo del hombre es el Hombre en su plenitud y va a ser entregado a otros hombres que no aspiran a esa plenitud. Jesús comunica libertad, pero otros prefieren el dominio y la opresión: rechazan la plenitud, desconocen lo que es amar de verdad. Sacrifican todo eso para seguir una ideología (versículos 30-31).
Pero, Jesús, aunque lo maten, a los tres días resucitará. Por otras partes de los evangelios, sabemos que Jesús muere amando plenamente a Dios y tiene plena confianza en él, se echa en sus brazos y Dios corresponde siempre. Nuestro amor, si es de verdad, aunque no pase por tanta crueldad, es correspondido por Dios y nuestra vida continúa en su seno. Jesús, por su fidelidad, conserva su vida para siempre, resucita.
Los discípulos, sin embargo, no entendían nada y no se atrevían a preguntar a Jesús. Ellos se mueven en sus propias ideas. Parece que se desmoronan sus ideas, su ideología, pero están muy aferrados a ellas y no se atreven a preguntarle. Esto sucede a cristianos conservadores de hoy día. Temen poner en práctica el Vaticano II y no saben abrirse a la sociedad de hoy día, permaneciendo, a su vez fieles a Jesús.
El v. 33 nos dice que llegaron a casa en Cafarnaún, según los intérpretes, para unos es la casa de Pedro, para otros la de Leví y para otros la propia de Jesús. Este les pregunta: "¿De qué discutíais por el camino?" Pero, ellos no contestaron, pues en el camino habían discutido quién sería el más importante (v. 34). Parece que no acaban de entender a Jesús, pues siguen pensando que en Jerusalén él asumirá el poder político, como el Mesías que ellos esperan, y desean tener buenos cargos. Los puntos de vista de Jesús y los discípulos son muy opuestos e irreconciliables. Mientras Jesús habla de morir, ellos piensan en buenos puestos. Siguen pensando del Mesías como cualquier judío.
En el v. 35, Jesús ya no habla de discípulos, sino de los Doce. Los Doce representan el nuevo pueblo de Dios, las doce nuevas tribus del nuevo pueblo de Israel. Representan el universalismo de Jesús, el mundo entero. Jesús llama a los Doce, y dice: "¿Quién quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos". De nuevo, el original griego usa el presente de indicativo o presente histórico, para indicar la actualidad del problema entre los primeros cristianos.
Referente a los versículos 36-37, la conclusión es clara y no la comentamos para no extendernos.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario. 13/09/2009. Marcos 8,27-35a
En tiempos de Jesús, la ideología judía dominante tampoco dejaba comprender el mensaje universalista de Jesús. Los judíos eran muy nacionalistas, y nacionalistamente concebían al Mesías. Por esta razón, terminan afirmando que Jesús es uno de los profetas judíos, pero nada más.
Hoy día, ¿quién dice la gente que es Jesús? ¿Se relaciona a Jesús con algunas decisiones de la jerarquía? Algunas de esas decisiones ¿no enmascaran el significado de Jesús? El pensamiento, el amor de Jesús a las personas, hombres y mujeres, ¿penetra en su corazón?
A continuación, Jesús pregunta a sus discípulos: "¿Y vosotros quién decís que soy yo?" (v.29). Esa pregunta nos la hace Jesús a nosotros, sus discípulos. La respuesta de Pedro es equivocada. Dice: "Tú eres el Mesías". Con artículo. Sin embargo, el evangelio del mismo Marcos en (1,1) dice, sin artículos, que Jesús es Mesías, Hijo de Dios. Jesús es Mesías, pero no "el Mesías". La misión mesiánica no es exclusiva de Jesús, es participada por los que le seguimos. Para Pedro, Jesús es "el Mesías", exclusivo para los judíos según su tradición. El Mesías de Pedro no tienen sentido universalista, ni comparte su misión con nosotros, sus seguidores. El uso del presente histórico (respondiendo dice) insinúa que la idea mesiánica de Pedro sigue aún vigente cuando Marcos escribe su evangelio. Como es una idea falsa, Jesús les conminó a que no lo dijeran a nadie. El verbo conminar, en boca de Jesús, se dice cuando se dirige a espíritus inmundos. En este caso, a una idea inmunda.
Jesús ve que tiene que empezar a enseñarles de nuevo. Les habla de los sufrimientos por los que ha de pasar, pues no es el Mesías triunfalista que espera Pedro. No es la figura gloriosa y nacionalista esperada por el judaísmo (v.31). La pasión de Jesús no es una necesidad decretada por Dios. Es consecuencia de los hombres dominados por una ideología. A pesar de todo, Jesús resucitará al tercer día.
Pedro, entonces, conmina a Jesús. El verbo conminar, como ya se dijo, se dirige, en el evangelio de Marcos, a los espíritus inmundos. Es como si Jesús, al hablar de sus sufrimientos, estuviese afirmando una herejía y Pedro lo conmina como a un espíritu inmundo. Pedro no entiende nada de nada. Jesús pone firme a Pedro, lo conmina y le llama Satanás (v.33).
Reflexión:
Si el evangelio de Marcos pone así a Pedro, ¿cómo no pondría a los que dan cerrojazo al Concilio Vaticano II y atacan a la teología de la liberación o a otras teologías tan válidas como la teología oficial?
martes, 1 de septiembre de 2009
Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. 06/09/2009. Marcos, 7,32-37
El evangelio de hoy plantea un problema que era típico de los judíos y seguía existiendo entre los primeros cristianos. Es decir, que aquellos no comían con los paganos y, por lo mismo, los cristianos de procedencia judía rehuían celebrar el banquete eucarístico con los cristianos llegados del paganismo. Como ya vimos en otras ocasiones, la frecuencia de presentes históricos delata que el hecho sucede en la época del escritor del evangelio, o que de algún modo se refiere a ella. Por ejemplo, en el original griego se dice que "presentan" a Jesús un sordomudo (en presente de indicativo), cuando en la redacción original griega debería ser "presentaron", es decir, en tiempo pasado. La traduccción del misal no puede reflejar estos detalles, porque, ya se sabe, toda traducción es como un tapiz visto al revés. No es capaz de reflejar toda la fuerza del original.
Al sordomudo tienen que llevarlo a Jesús para que lo cure. Él no siente necesidad de cambio.
La sordera tiene un significado metafórico en el Antiguo Testamento. Se usa continuamente en este sentido por los profetas, para expresar la resistencia a escuchar lo que Dios quiere. Puede verse Isaías 42,18. En el Antiguo Testamento nunca se relata la curación de sordos o mudos. El sentido de la sordera o de la mudez es siempre figurado. Siguiendo la misma línea, el sordo representa a los que no entienden o no quieren entender; el tartamudo es figura del que tiene un lenguaje que no se aclara en sus ideas. La palabra tartamudo sólo se encuentra una vez en el A.T. (Isaías 35,5s) y sólo ésta en el N.T. Pero estos dos textos, seghún los exégetas, están en íntima conexión.
Con la figura del sordo tartamudo, Marcos expresa que la incomprensión continúa en tiempos de la primitava comunidad cristiana. Recordemos la repetición de presentes históricos en este relato evangélico. Muchos de los discípulos no son capaces de admitir que se haya roto la barrera entre judíos y paganos. Era algo muy difícil de comprender para los judíos de aquella época. Siguen siendo sordos al mensaje de Jesús. Sordos para admitir que Jesús se encuentre ahora en territorio pagano y quiera hacer Pueblo de Dios al mundo entero y no sólo al pueblo judío.
En la cultura judía, la saliva se consideraba aliento condensado. Así, se expresa que Jesús, con su saliva, transmite su aliento o Espíritu para que sus discípulos transmitan el mensaje universalista y se olviden de lo que han enseñado o aprendido en otros tiempos.
Jesús cura al sordo y tartamudo. Esto manifiesta la apertura y el optimismo de la primitiva comunidad cristiana. Jesús, con su Espíritu (saliva) puede poner remedio a la situación. ¡Qué bien lo hace todo!, decían.
Aplicación:
Los ya mayores hemos tenido que estudiar en el catecismo de la iglesia, que existía el limbo para los niños que morían sin bautizar. Hoy día el limbo no se admite porque no entra en los planes de Dios. ¡Hay que cambiar tantas veces de mentalidad aunque la jerarquía se resista a menudo! Dios también habla a través de la historia si se sabe discernir y, a veces, los que no somos jerarquía tenemos que ir por delante, aunque sea con respeto. Todos somos pueblo de Dios y, por lo tanto, portadores del Espíritu. No olvidemos que hay pluralidad de teologías.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Domingo XXII del Tiempo Ordinario. 30/08/2009. Marcos, 7,1-8, 14-15, 21-23.
En el evangelio de este domingo se tocan preferentemente dos asuntos muy revelantes en nuestra vida cristiana del siglo XXI:
1º los cambios necesarios en nuestra iglesia y 2º la interpretación de la Biblia.
Sobre el primer tema, el presente histórico, abundante en el texto griego, indica que se trata de incidentes que se producen en la primitiva comunidad cristiana, al relacionarse con judíos practicantes. Para los fariseos, la santidad de las personas depende del cumplimiento de los preceptos legales. La impureza excluía del culto religioso; el impuro no podía encontrarse con Dios. Por esta razón, los judíos se lavaban las manos antes de comer y así quedaban puros. Habían tocado muchísimas cosas impuras y necesitaban poder acercarse a Dios para rezar antes de comer. Lo que no se dedicaba al culto religioso era por naturaleza impuro. Y los fariseos observan que los judíos cristianos comen sin lavarse las manos.
Los fariseos hacen todo eso aferrándose a la tradición de los mayores (v.3). Son muchísimas las tradiciones que deben cumplir, pero, hasta tal punto, que una transgresión de la verdadera ley de Dios era considerada menos grave que la de una de esas tradiciones. ¿No deberíamos examinarnos los católicos, no sea que también hagamos algo parecido? ¿No damos más importancia a tradiciones eclesiásticas que a verdades realmente bíblicas? ¿No es una tradición eclesiástica, impuesta por frailes irlandeses, la confesión de los pecados? ¿Por qué no se da paso a la absolución colectiva sin confesión de pecados, tal como hacen muchos sacerdotes? Es una forma que no va contra el evangelio, pero que es ilícita por la legislación vigente. Podríamos poner otros ejemplos. Son cosas que va pidiendo la evolución cultural del mundo y que no por eso va a disminuir la religiosidad, el amor a Dios y al prójimo. Quizá pueda suceder lo contrario: que aumente si los de Cristo sabemos reaccionar. Que Jesús no tenga que acusarnos de que enseñamos como doctrinas preceptos humanos (v.7). O de que dejamos el mandamiento de Dios para aferrarnos a la tradición de los hombres (v.8). Otro tanto se podría afirmar de los casados por la iglesia, separados después y vueltos a casar por lo civil: ¿no se puede aplicar la forma de actuar de los cristianos ortodoxos? ¿Es que no respetó esta tradición la iglesia católica, en el breve tiempo en que volvió a estar unida con la ortodoxa? En esta se admite un segundo matrimonio con la bendición de la iglesia, aunque no se considere sacramento, pero que sí permite una convivencia lícita. Se trata de tradiciones no de puro evangelio de Jesús que, aunque busque la perfección, lo ideal, no por eso se olvida de lo imperfecto de la vida humana. Eso es lo que dice una buena exégesis.
Jesús dijo: "Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre (v.15)". Esta es una de las grandes frases en toda la historia de las religiones. Pero con ella queda eliminado el código de pureza del Levítico, es decir, el dicho de Jesús se opone a una parte de la Biblia. ¿Qué se deduce de esta implícita enseñanza de Jesús sobre la Biblia? Básicamente, dos cosas. Primero, que la Biblia es la historia del viaje de un pueblo hacia Dios. Nosotros hacemos parte de esa historia hacia Dios. En ese viaje, a veces, es necesario hacer rectificaciones para ir en la verdadera dirección hacia Dios. Es lo que hoy nos enseña Jesús. Con la Biblia, y esa sería la segunda deducción, hemos de estar en un diálogo continuo, que nunca debe cesar, ni debilitarse. Es la palabra de Dios que nos va dando el alimento espiritual oportuno.
En el v.21, aunque el misal pone la palabra "fornicaciones", se trata más bien, de una interpretación, no de una auténtica traducción del original griego. Algunos traducen por libertinajes; otros, por abusos sexuales (como la pedofilia o la violación). Pero no se especifican actos concretos.
Aplicación práctica:
Reflexionar sobre la teología.

